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aunqueseaceniza

... y sin embargo

es curioso

pero en muchos sentidos

 l'inesplorata

aaaaaaa aaaa aaa sigue siéndolo profundamente

a

Locos

Locos

Pieter Bruegel, el viejo. Greta, la loca, c. 1562 (detalle).
a

Cazado al vuelo de un documental sobre mendicidad:

--¿Tú quieres saber lo que es la calle?
-- ...
--Un psiquiátrico mu grande.
a

a

La vida de los otros

La vida de los otros

De cómo la bondad de un hombre no basta.
O sobre cómo sin ella todo sería fácilmente sórdido (ningún lugar en el mundo donde pudiera hacer sus estragos la Appassionata de Beethoven).

Sobre a qué rincón de cada hombre están dirigidas unas líneas de Brecht.
Y de los diversos modos de ser autor en la vida ajena.

Es la poesía, idiota

Un niño bengalí, ante la perspectiva de que abran en su pueblo una escuela sufragada con el vestidito de Desayuno con diamantes:

--Ahora podré estudiar informática y poesía.

¡¡¡Y poesía!!!

a

Surrealismo popular

Cuando veo a mi madre con la oreja pegada a una concha --intenta escuchar el rumor del mar-- donde hunde su base un crucifijo con Cristo incluido, me digo que sin duda Lautréamont y Duchamp descubrieron la sopa de ajo.

a

De José Batlló

Ayer, en la pizarra a la entrada de la librería Taifa:
a

LOS LIBROS TAMPOCO
HACEN MILAGROS
a

 

En otro lugar

En otro lugar

Eduardo Chillida, Casa del poeta

 

 

 

 



 

Aquí vivir, con un sencillo horizonte frente a la ventana.
Si fueran siempre así de puras las líneas.

Ayer

Ayer

Es temprano por la mañana. Camino hacia el trabajo. Vuelvo la cara un momento hacia la claridad convocada al fondo de una avenida, sobre la riada del tráfico.
Podría tratarse de una ciudad ajena, me digo.
Podría estar caminando por cualquier calle del mundo.

Para qué luz mi corazón entonces.

¡¡¡¡ ... !!!!

--Barcelona vive demasiado preocupada por conservar intacto su alto nivel de calidad de vida.

--Su comodidad mental, querrá decir.

--Hace tiempo que he llegado a la conclusión de que Barcelona no participa como debiera de las incomodidades del siglo XXI. Y ello acabará perjudicándole. Lo que la burguesía y la menestralía supieron hacer en el tránsito del siglo XIX al XX --arriesgar, jugársela, verse las caras con una realidad social difícil e incluso violenta, construir nuevas dimensiones...-- me temo que no se está haciendo en el tránsito del siglo XX al XXI. No existe la misma ambición. Me sabe mal decirlo, pero esta es mi conclusión: tras haber conquistado una gran calidad de vida, Barcelona vive atenazada. Tiene miedo al riesgo y a la intemperie.

De La Vanguardia (11-II-2007): Joan Clos, espíritu inquieto y transgresor, hecho a los inconvenientes y las incertidumbres de la vida aventurera, responde a las preguntas de Enric Juliana.

(Las mañanas que bajo a trabajar desde Gracia paso por una Caixa en cuyo portal duerme invariablemente un bulto bajo una manta. No dentro, no en el cajero. A la intemperie, ciudadano constructor de nuevas dimensiones.)

Ser solo así

Ser solo así

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a

a

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Tan simplemente.

Valverde

Deambulando por la exposición instalada en el vestíbulo de la Universidad, me entero de que José Mª Valverde, allá durante la postguerra, confeccionaba sus propias ediciones de los libros que no podía comprar. Miro el dibujo de sus letras en la portada del Romancero gitano (que él mismo pasó a máquina), entreveo los dedos en ese trabajo íntimo, doméstico, con la obra de otro; comprendo entonces que decidiese pasar los últimos meses de su vida anotando al margen su lectura de Kierkegaard.

Ja ja ja

L. me hace una sesión de acupuntura,
y a los pocos minutos de estar con las
agujitas puestas y escuchando la música,
me sobreviene un ataque de risa.

Las discontinuidades espacio-tiempo,
que les da por abrirse en cualquier parte.

Festejos

Festejos

Profeso, con fervor, el absurdo.

Al carajo con el nihilismo.
(Desagradecida soy, después de tantos servicios prestados.)
Contra el no, celebración y prímulas.

Mínima y frágilmente.
(Las

Recovero

m. y f. Persona que anda a la recova.

recova. (Del m. or. que recua.) f. Compra de huevos, gallinas y otras cosas semejantes, que se hace por los lugares para revenderlas.

Del DRAE.

Era chaparro y gordo, de piel cetrina.
Se pasó la vida vendiendo huevos, verdura, carne, tabaco o lo que fuera. Primero en burro, luego en moto, luego en furgoneta. Atenido al estómago (al suyo, al de su mujer y al de sus dos hijos). Hacía mil chanchullitos y pequeñas componendas para rascar cinco duros más (si hubiese tenido Marbella en sus manos). Sus bostezos concluían con un aullido estentóreo y regocijado.

Recordaba el franquismo con melancolía, votaba al PP, escuchaba la COPE; pero sobre todo era del alcalde de su pueblo (tenía un póster electoral en el almacén, entre las bicicletas y las cajas de cartón, y le hacía ojitos).
Pertenecía, por consiguiente, a ese tipo de hombres despreciable tanto para la clase bien --por su condición de chusma y sus maneras zafias-- como para las lúcidas mentes concienciadas.

Reaccionarismo y estómago.
(Sobre la conciencia como objeto de lujo.)
La realidad, es lo que tiene.

Y Burjulú desaparece todos los días.

Totum revolutum

Totum revolutum

Lorenzo Goñi, La Celestina 

Hace una semana que llevo puesta una pulserita en la muñeca derecha. Es de plata, lo más fina posible (pretendía ser imperceptible), lo más discreto que encontré con la idea de no notarla demasiado --no me gusta llevar pulseras ni anillos, tolero ciertos colgantes (algunos me chiflan) y me encanta combinar el color de los pendientes con el de la ropa)--; pero el caso es que mi loquera (ahora es una loquera, y privada, 80 del ala por visita) me la ha hecho comprar para anclarme (indócil cerebro vacilante cuyas decisiones se dispersan a la menor ventolera). Junto con los oligoelementos, la Onagra, la jalea real y la levadura de cerveza que me recetó la dietista, el jabón y la crema para los párpados, y las flores de Bach --flores para la depresión, flores para el bloqueo mental, flores para la paranoya-- es lo último que ha entrado en mi tan insólito como cada vez mejor aprovisionado laboratorio de la vieja Celestina. De veras: comienzo a creer que mi acúmulo de pócimas, variado y peregrino, fraccionario y aspirante a la totalidad, no tiene ya nada que envidiarle a la cueva de la puta vieja, escombrera de todas las ansiedades humanas, primer collage (llámenlo enumeración caótica, y además preborgiana) de la literatura española, primer lugar en que el mundo se resume amontonando sus fragmentos y proponiendo la abigarrada, estrafalaria y esotérica imagen resultante como única poción aliviadora. (Desbarro y me pongo barroca: perdón; mi vecina me asedia una y otra vez con un disco de Bebe.)

(--Pero dime que el frío no te arredra --dice--. Prométeme que no dejarás de venir por el frío.)

Decía que me entretengo mucho con todos esos potecitos de cristal, sobre todo por las mañanas: con las ampollas, con los extractos liofilizados, con las grageas (de todo eso poseo), con las gasas desechables y los sortilegios ("yo, G., tengo derecho a", "yo, G., no debo hacer esto o lo otro"), vertiendo la dosis medida de White Chestnut bajo la lengua, pronunciando palabras y esgrimiendo cuentagotas con los que pretendo llegar a ese paraje donde crezco y me consumo y vuelvo a crecer sin que yo lo vea ni lo oiga (perdón: sigue sonando Bebe). Algo sucede en algún lugar apartado que me atañe íntimamente y que deja los restos de su estallido --floración de metralla-- en este otro margen donde también me encuentro. "Es cuestión de destruir hábitos --dice Lena--, lo que no hagas en 21 días ya no lo harás más." Ah, bueno, vale.

(--Por qué no me traes un esqueje de tu planta --dice--. Esa que florece una vez al año --dice--. De la que me enviaste las fotos.)

De todos modos, la frivolidad es benéfica. Regar las plantas, despejar el escritorio, ver el cuarto ordenado, contar las gotas de Hornbeam. Más que benéfica: la frivolidad nos salva (gran frase antinihilista y antimisógina, solo que no es mía, se la robo a Yasmina Reza, a quien todo el mundo debería leer --especialmente M., porque de ahí proceden sus principales defectos-- para enterarse de una buena vez de que es despreciable una inteligencia que no nos asiste a la hora del dolor: dónde estaba Spinoza cuando Deleuze se tiró por la ventana). Por ese motivo, por la condición habitable de la frivolidad, sigo jugando a la homeopatía, viendo Los hombres de Paco y hablando en un particular glíglico charnegocatalán con Gurb. Por ese motivo una de mis felicidades es no tener ya los libros y los papeles amontonados sobre la mesa y disponer de una pared entera para ellos. Por eso me desasosiega profundamente --debo de ser conservadora a la manera del ínclito-- tener que andar a salto de mata entre la preparación de las clases, las averías del metro, mi casa y la ventana de M. Porque ahora tengo un ventanal magnífico sobre un patio de Gracia que ya lo hubieran querido para sí Baudelaire de noche y el postcubismo de día, y desde ahí he descubierto las tentativas frágiles a las que se entrega el color cuando las cosas están recién aparecidas a las 8 de la mañana. (Sospecho que solo voy a ver a M. a causa de esa posición clandestina que sobre la desnudez del mundo privilegia su alféizar. M. también lo sospecha, y por eso le preocupa que vayan a edificar frente a su ventana algún engendro que transtorne la caída de la luz. Aunque si he de reconocer el oscuro propósito, la verdad es que sigo yendo porque me he enfrascado en el riguroso y sediento estudio de la navegación de los cuerpos --qué estrella polar imprimirá su rumbo en lo más apretado de la carne-- durante el sueño).

Y además esa manera de no leer para la sorpresa, sino sumergiéndose en un bosque del que se quieren conocer todos los claros y todas las trampas.

Por eso, también --lo digo por primera vez desde hace milenios--, escribo. Sí, escribo, aunque en el sentido que vale la pena bien pudiera decirse que no. Por eso, porque la frivolidad me salva, porque sigo jugando a las brujas y resistiendo a la extinción de los glíglicos, porque reúno aquí como sea posible --con tan poca inteligencia, a poder ser-- los despojos de la última voladura, porque acopio en este lugar de lo que digo los restos con los que he de componer la figura nueva e insensata, estrambótica y múltiple y diversa, rota y aspirante con imprudencia al arreglo, que los mismos escombros me permitan. Al fin y al cabo, no tiene más coherencia ni menos conexiones con el desequilibrio una ordenada sentencia judicial.

Y esto, sin Hornbeam.

a

Rituales de aparición

Rituales de aparición

a
¿Podría esta gloria de color encontrar mejor excusa que los pétalos del Zygocactus para aparecerse todos los años?
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Afasia

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"[...] se dice, con Carpentier, que América es el mundo de lo real maravilloso, para cuya descripción los primeros europeos llegados al nuevo mundo reconocieron no disponer de palabras suficientes y precisas [...]"

Darío Villanueva y José María Viña Liste,
Trayectoria de la novela hispanoamericana
actual. Del "realismo mágico" a los años
ochenta
, Madrid, Espasa-Calpe, 1991, p. 45.

De la crítica literaria aplicada a la experiencia amorosa.
Yo me encuentro en pleno síndrome de afasia por descubrimiento.
a

Así ensoñada

Así ensoñada

Picasso, El sueño. 1932. Colección de Mr y Mrs Victor W. Ganz. Nueva York.

L.: --Pero a ver, descríbelo; ponle adjetivos, adverbios.
G.: --No puedo: se me va todo en sonrisa y no me queda para palabras.

(Siempre quise saber qué murmullo manso y encantado se deslizaba tras los ojos de esta durmiente. Hoy sé que ninguno más dulce que bajo los míos si los cierro y me acuerdo del martes cuando empezaba a ser miércoles.)

 

Brecht by Forges

Brecht by Forges

y aquí, repitiendo la historia

La cucaracha

Gregorio Samsa
Gregorio Samsa
ya no puede caminar,
porque no tiene,
porque le faltan
las dos patitas de atrás.

Pobrecito Gregor Samsa,
pobrecito Gregor Samsa...