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aunqueseaceniza

mi dudoso trabajo

Enseñar

En 20 años no es nada veo este corte de Lugares comunes.

Antes de las cenizas, nos queda siempre, si la queremos, una despiadada lucidez.

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Ratas en el barco

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Manuel Viladevall, ínclito vicerrector de profesorado de la UB, se ha creído que es el capitán del Costa Concordia.

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Universidades

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Hay universidades, y universidades.
Qué envidia, por Dios, qué envidia.

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La Universidad del futuro

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Cuando la semana pasada vi el cartel promocional de la UAB en el andén del metro Universitat, me dije: "Dios bendito, no se sabe si están vendiendo un paquete de turismo rural, el nuevo yogur Biofrutas o la experiencia Evax". Pero al ver hoy el vídeo de la misma promoción, ya es que se me han caído los palos del sombrajo. Atención a cómo la imagen todavía vende algunos iconos relativos a la formación científica, mientras la banda sonora promete en realidad que podrás ser Meg Ryan y casarte con Tom Hanks.

UAB, ciudad de vacaciones.

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Bolonia

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Por el decano de la facultad de ciencias de la Universidad de Vigo.

Divino candor

Divino candor

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Cuenta Juan Ramón Jiménez que allá por los finales del XIX, Valle-Inclán se iba a la casa de Candelas con este número de Alrededor del mundo bajo el brazo, entraba en el local, se sentaba en una mesa del fondo, colocaba la revista ante sí apoyándola contra una botella de agua, y se quedaba "absorto, inefablemente sonreído sobre la Primavera de Botticelli". Chicuelillo mío...

Apostilla

La parábola de los talentos: un hombre entrega dinero a cada uno de sus siervos, para que ellos lo hagan producir según su capacidad. Al primero, cinco talentos. Al segundo, dos talentos. Al tercero, uno. El primero devuelve diez al amo. El segundo, cuatro. El tercero, que se ha limitado a enterrar el dinero porque sabe que su señor cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido, devuelve el talento que se le dio en principio. El amo maldice al tercer criado.

El talento como algo ajeno. Como algo que no te pertenece, que debe devolverse por el doble de lo que se recibió.

A M. también lo carcomía eso.

Una deuda

"La página en blanco les paraliza tanto como un cheque en blanco que tuvieran que rellenar con una cantidad muy superior al  talento que ellos creen poseer". Cuartillas blancas que deberían sumar la cantidad de dinero robada (la cultura como un asalto de clase a la biblioteca de la casta universitaria). Cuartillas blancas que sumarían la cantidad de talento robado que yo pudiera verter en ellas. Y una parte para mi madre, que no confía en que yo le devuelva completa la porción de mi capacidad que a ella le toca. Qué pasaría si esa blancura no fuese la medida de una deuda impagable. Cómo podría suceder así.

Asalto a la banca

Sueño que mi madre y yo —y una tercera persona que no aparece en el sueño— hemos robado  un banco. Yo he sido encargada de repartir el botín en tres partes de 76.000 € cada una, y he puesto cada parte en una caja grande de cartón. Mi madre me dice que no se fía de que haya contado bien el dinero. Es más, no se fía de que no haya puesto más dinero de la cuenta en la parte que me corresponde. Mosqueada por la desconfianza, me dirijo a las cajas, para llevarle una y mostrarle los fajos de billetes. Repaso el borde de uno con los dedos —pero ahora estoy yo sola—, con el pulgar hago pasar rápidamente el filo de los billetes. Solo que no son billetes: son cuartillas en blanco. Montones de cuartillas en blanco. Un cabreo monumental me bulle en el cuerpo: yo me he molestado en contar y dividir todas esas cuartillas, y mi madre me dice que no se fía de mi trabajo.

Durante el día reparo en que guardo montones de fotocopias en cajas archivadoras. Es la obra completa de Azorín, es la bibliografía acumulada en torno al escritor y su relación con la pintura. Todo eso debería haberse convertido ya en una tesis, pero la tesis no está escrita. Cuartillas en blanco. Me he molestado durante años en buscar, leer, anotar, todos esos papeles, y sigo teniendo cuartillas en blanco. Es más: me he molestado durante años en atesorar toda esa letra, y mi madre sigue saliéndome con que yo debería haber hecho Medicina o Ingeniería. Materia contable.

Si nos fiamos de la Esfinge, mi trabajo sería aquello que  escapa a la ley de lo medible. A la ley del deseo del Otro (en este caso, de la otra). Escribir la tesis es entonces infringir la ley, asaltar un banco, hacerse con un botín que no puede reducirse a número.

Hum. Esta Esfinge es un poco folletinesca. No sé yo si el Vaquilla iba a estar muy de acuerdo con ella.

 

Doña Rosa ventila el piso

Doña Rosa ventila el piso

Saiba todo o mundo foi neném

Saiba todo o mundo foi neném

el tierno arribista abre su corazón amargo y lo vuelca sobre el mundo

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Juegos de la edad tardía

Faroni se me presenta con candidez en el despacho para preguntarme dónde estaría él situado en una escala que fuese de Gómez de la Serna a Nietzsche (el escalafón traiciona a la cronología). Es tan osada la ignorancia, pero tan tiernamente desvalida la pretensión artística de mi particular Gregorio, que me azora tener que descubrirle la auténtica altura de sus ocurrencias. Capeo torpemente las preguntas acerca del valor de su obra para la Historia, aludo con timidez a la inmensidad que separa lo digno y lo genial.

Seguramente soy yo lo más indigno en todo este asunto.
Quién fuera Fernando Fernán Gómez para ocasiones semejantes.

La próxima vez que A. me proponga un trabajo, juro que mi respuesta será NO. (Dama pequeñísima / moradora en el corazón de un pájaro / sale al alba a pronunciar una sílaba: NO.)

Corporativismo

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La casta pedagógica.

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Nora acusa

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Contrafuegos y otros pertrechos para resistir la que se nos viene encima.

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Joer

¿Por qué recontrapajolera razón todo el mundo cita este maldito artículo del carajo que no existe donde dicen que existe?

Instintos básicos

Encuentro en El Danubio de Claudio Magris la definición más oportuna de la última novela de Martín Garzo: un "poetización de la actividad gonádica", o parafraseando al triestino, y si la memoria no me traiciona, convertir las urgencias del bajo vientre en suspiro trascendental. Para atenerse más al caso concreto de Mi querida Eva, justificar el polvo de una noche con buenas dosis de mitología edípico-bíblica.

Teniendo en cuenta, además, que el congresito donde tengo que hablar de semejante engendro sentimental es producto de esa histeria eyaculadora (¿así la califica exactamente Magris?) con que la cultura produce eventos completamente irrelevantes, y que mi aséptico análisis de los motivos mitológicos empleados en la novela (la cobardía puede tomar tantas formas) la va a hacer parecer más de lo que es; considerando todo eso, digo, me dan ganas de llevarme la cafetera de M. y reciclar sus cansados materiales en un acto de verdadera incidencia cultural.

¿O será que yo también utilizo el discurso crítico para encubrir la elementalidad de mi pereza?

Si yo pudiese ser jardinera...

Es la poesía, idiota

Un niño bengalí, ante la perspectiva de que abran en su pueblo una escuela sufragada con el vestidito de Desayuno con diamantes:

--Ahora podré estudiar informática y poesía.

¡¡¡Y poesía!!!

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A todos los curiosos...

...pues parece que haberlos, haylos: que sí, tartarines, que sí, que lo de la Anunciación va de veras.

Y gracias por las felicitaciones.

Anunciación

Anunciación

Sandro Botticelli, Anunciación de Cestello (1489-90). Galleria degli Uffizi, Florencia

Y cuando Dios entró en el despacho y dijo que tenía buenas noticias y que se le había concedido un contrato al Departamento y que además estaba bien pagado y que yo debía aceptar, la luz se hizo en lo más hondo del corazón de esta criatura miserable, que no cabía en sí de gozo viendo cómo lo que durante 4 años habían sido inversiones en el vacío se convertía como por encanto y en un instante en todo lo que podría hacer en el curso de los 4 siguientes.  Y esta mujer bendecida por el azar no pudo menos que responder: "Señor, he aquí a tu sierva; cúmplase en mí según tu palabra".  Y pidió a los hados que bendijeran con muchos y venturosos años de vida a Dios, que lo es. 

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Mierda

Acabo de descubrir que estoy excluida de las putas listas de interinos de la Generalitat porque la simpática de la funcionaria que me atendió en la oficina de Paral·lel, la misma que se negó a hacerme una fotocopia de los impresos y me envió de excursión por Sant Antoni en busca de la copistería perdida (al final tuve que hacerla en un supermercado pakistaní que hacía su agosto aprovechando que cualquier servicio de reprografía en kilómetros a la redonda estaba cerrado), la misma, digo, que fue revisándome los papeles como si yo tuviera la culpa de que ella estuviese sentada tras el mostrador y no en una playa de las Bahamas (aunque dudo que ni en el Paraíso pudiese la doña cambiar de humores), porque la misma, pues, no me avisó de que me faltaba una declaración jurada de no sé qué y no sé cuántos. 

Ahora espérese usted a que vuelvan a abrir listas para agosto del año que viene.

Y encima este estado lloroso por todo aquello de lo que voy a despedirme.

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