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Aforismos

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"Irrumpen leopardos en los templos y se beben el contenido de los cántaros del sacrificio; esto se repite una y otra vez: finalmente, se lo puede prever y se transforma en parte de la ceremonia."

El aforismo es de Kafka. Sustituyan "leopardos" por "bancos" y "templos" por "democracias" (aunque a estas casquivanas no les cuadre del todo lo sagrado): queda un bonito retrato de la época en que ustedes viven.

La humanidad es el gran cansino histórico, y un clásico es el que le ha sabido coger las vueltas.

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Sin retórica

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¿Hay algo mejor que un polvo como Dios, una mañana soleada
al son de Battiato y un plan de intervención teatral en mente?

Es portentosa la vida, y los patéticos Bárcenas del mundo pue-
den seguir comiendo billete.

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Rafael Berrio

Brotes en invierno

Los jacintos de mi ventana están apuntando ya: en su aspereza del verano ha estado latiendo otro inicio, y ahora los bulbos aventuran sus yemas al aire. Pese a que el clima no está para entusiasmos, son carne rotunda: asoman y viven y se dejan batir en la intemperie.

Estos son los únicos brotes verdes que vamos a ver de aquí a mucho, pese a que otros jardineros auguren vergeles.

Estos, y esos tres escaños que ahora asoman la cabeza en el parlamento catalán: Perquè hi haurà un dia que no podrem més i llavors ho podrem tot.

Bastardos

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Yet, Edmund was beloved.

Una sola frase en el lugar conveniente y toda la obra se da la vuelta y es necesario sentir piedad del inicuo y caer en la cuenta de que nos ha engañado y se ha engañado todo el tiempo al pensar que su móvil era la ambición.

Al final todo consiste en papá y mamá.

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Tan solo un nombre

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Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de
los Remedios Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso.

 

Hay que tener los narcisos bien dispuestos para desembarazarse del
determinismo que supone semejante nombre y convertirse en francés.

(Claro que del nombre uno nunca escapa.)

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La (pos)posmodernidad era esto

Qué maravillosa es internet. Estaba yo buscando un texto que ejemplificara la idea de Benveniste sobre la vaciedad referencial de los pronombres "tú" y "yo", uno de esos chistes tontos en que alguien dice "yo" y el interlocutor contesta "¿yo?" y el primero dice "no, tú no: yo", a lo que el segundo contesta "pues eso, yo". Pero hete aquí que los caprichos booleanos del gran buscador me llevan en tan solo dos pasos a esto. Dioses, no me digan que no es más grande que la vida: la expresión de una mujerez adquirible en WalMart, pero expuesta en términos tan desparpajadamente kitsch que es imposible saber quién la enuncia ni con qué sentido. ¿Se trata de una adolescente cultivada al calor de los invernaderos neoliberales de México? ¿Es la propuesta de una productora doméstica bendecida por el azar de que el canal del gringo les abriera un rinconcito? ¿Es una campaña de marketing viral? ¿Hay aquí una reivindicación del derecho de indios y gordos a pensarse bajo las mismas convenciones de género que flagelan al clasismo blanco? ¿Hay una parodia de esa cursilería fustigadora? ¿O hay una simple y pletórica celebración de la mujerez alienada?

Todo son preguntas, y la respuesta se desliza in aeternum de significante en significante.

#25S

Teniendo esto en la rebotica, espero que lo de mañana sea un exitazo y nos lleve por el camino de otros lares más afortunados que los nuestros.

Aunque el tamaño de las criminalizaciones que la hidra está dispuesta a soltar por su boca me sigue haciendo temer lo que en la rebotica tengo. Y aunque creo que para hacer tortilla hay que acabar rompiendo huevos.

 

De cómo ir al #25S  y cuidarnos colectivamente
El #25S ayúdanos a tuitear y abre tu wifi

#Voces25s
photocall 25s | yovoy25s

Se quiere otra vida

Sueño que tengo mi mesa de trabajo en una casa decimonónica, en uno de esos miradores acristalados que hay en los comedores, y que más allá se ve un paisaje un poco como los del valle del Orcia, y sobre él un arcoiris entero, de punta a punta. Pienso: voy a hacerle una foto con el móvil para enviársela a Silva; pero el arcoiris no cabe en el encuadre.

Después vamos Silva  y yo por Gran Via de les Corts, en una manifestación. La policía comienza a bombardear con pelotas de goma que lanzan desde helicópteros. Entonces nos guarecemos en una portería que hay en un chaflán y nos sentamos en las escaleras mientras esperamos a que escampe. Vemos la calle por la puerta entreabierta de la portería; pero ya no es Barcelona, sino la costa portuguesa. La arena de la playa comienza al pie de la puerta, y más allá se ve el mar al atardecer, que hace esquina. El mar haciendo esquina. Le digo a Silva: tendríamos que quedarnos a vivir aquí. Al rato pasa F. en bicicleta y se va hasta un huerto que hay un poco a la derecha, sobre la misma arena, y se pone a arar con otros tipos, sin animales, inclinándose sobre el arado.
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Quítate ya los trajes

Quítate ya los trajes

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También un día en clase, insistiendo en un problema de decoro, se me ocurre que el primero que quiso volver al anónimo eterno del desnudo y ventilar la cuestión en pronombre fue don Duardos.

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The Burial of PP

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September is the cruellest month, breeding
IVA out of the dead land...

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Uno bien raro

Sueño que O. y yo estamos viendo un vídeo-reportaje sobre una tribu africana en que los tipos, durante una celebración, se meten un trozo de madera enorme y muy bien pulida en un agujero que tienen en el costado derecho, desde el apéndice hasta la clavícula: como los mursi, pero con un orificio gigante en el lado del tronco en lugar de tenerlo en el labio inferior. Ahí meten la pieza de madera, como si fuera un macropiercing. Después llega otro tipo de la tribu con un ariete también de madera y les da trompazos a los demás en el superadorno troncal; pero el superadorno no se cae en absoluto.

O. y yo nos preguntamos cómo es posible eso; pero da la casualidad de que el vídeo lo estamos viendo en el portero automático del bloque donde vive la periodista que lo ha hecho, así que picamos a su piso para preguntarle. La periodista resulta ser una antigua compañera mía de doctorado, a la que me encontré durante la última mani del 15M en Barcelona. No sé bien por qué motivo, la tipa nos invita a quedarnos a dormir en su casa. Yo me quedo en la habitación donde ella tiene durmiendo a su beba, que debe de tener unos 6 meses (menos de los que tiene en el mundo de la vigilia). La niña está en una especie de cuna-camilla-de-masajes al lado de una cama de matrimonio donde yo duermo. La madre se va a dormir a otra habitación. Dormimos con la luz encendida. La niña se despierta de madrugada, me ve a mí, que soy una extraña (está acostumbrada a dormir con la madre), se asusta, pega un salto de la cuna (que no tiene barrotes) y se cae al suelo. Mierda, lo que me faltaba, ¿se habrá matao? ¿Será solo un chichón? Joder, joder. Recojo a la niña del suelo, y ahora es como entre muñeca y de carne y hueso. La niña reacciona para mi alivio, y se agarra con una mano a mi pulgar. Me la llevo conmigo a la cama, pero conforme nos echamos, la niña se convierte en un hilo amarrado a mi dedo. Joder, joder, qué le voy a decir a su madre por la mañana: mira, tu hija se cayó al suelo y se ha convertido en un hilo amarrado a mi pulgar. Coño, me va a matar.

Al cabo de un rato estoy en otra casa, creo, no sé si la de mis abuelos en Burjulú, y el hilo del dedo vuelve a convertirse en un bebé, pero es un muñeco. Aunque yo me lo tomo como buena señal; es como si fuera una fase hasta que se convierta otra vez en bebé de carne y hueso. Y así me quedo, esperando a que el muñeco se vuelva humano para poder devolvérselo a su madre tal y como a mí me lo dejó.

Hablando en plata

Enseñar

En 20 años no es nada veo este corte de Lugares comunes.

Antes de las cenizas, nos queda siempre, si la queremos, una despiadada lucidez.

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Salir del Pryca, entrar en la Cultura y no dar ni las gracias

Lo que le escuece a Echevarría es que Pérez Andújar haya ido con su avidez de niño curioso hasta los bolsillos de la cultura para introducir en ellos sus finos dedos de carterista literario y hurtar los juguetes de los elegidos: el fraseo de Gómez de la Serna, el lirismo de Francisco Umbral. Aunque no acaba ahí su pecado, no: porque la cultura se jacta de redimir a prodigios menesterosos, de asistir a alumnos aventajados con beca hacia el Parnaso. No: lo que sobre todo zahiere a Echevarría es que Pérez Andújar hurte los juguetes literarios de la alta, no para sentirse de los iniciados y agradecer su acogida en el reino del estatus cultural, sino para amancebar a Machado con el TBO en contubernio antinatura y desde ahí volver a su gente. Es políticamente insoportable que el beneficiado por la generosidad de la cultura democrática —¡pero si le dimos hasta estudios!— no rinda honores a los espacios literarios que le abren sus puertas cerrando él los ojos a todo lo que esos espacios excluyen. Que Pérez Andújar no traicione lo que sabe para optar a la palmadita en la espalda es in-to-le-ra-ble.

Y como cree el burgués que todos son de su mismo interés, el crítico acusa al novelista de estar explotando la marca registrada del rencor social para hacerse con un espacio en el Editorial System.

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Javier Pérez Andújar, Paseos con mi madre.

Teatro áureo, estrategias del oprimido

Se me ocurre en clase que el mundo de los pasos de Lope de Rueda es el reino de las microrresistencias, tal como las entiende Michel Foucault.

Habitantes de un país hambriento y miserable, los rufianes, los pícaros, las putas, los criados de Rueda salen cada día a la calle con el ingenio en ristre para sustraerle a la ley de la necesidad un corrusco de pan que temple el estómago. A la ley de la necesidad y a quien tenga menos afilado el instinto de supervivencia, que en la España del XVI no se civiliza en el trabajo, sino que despliega sus añagazas en los trabajos. Los muchos que los españoles deben tomarse para echar un trago, tentar un muslo o robarle media tarde de descanso al servicio del amo. Toda la inteligencia de un país se emplea así en los deseos más a ras de tierra, que cobran una calidad espiritual negada en la alta cultura: una milhoja, unas monedas, unos olivos son aspiraciones del alma tan apremiantes como la llama de amor que abrasa a los enamorados en la poesía neoplatónica. Las criaturas de Rueda sueñan comida, sueñan dinero, sueñan holganzas, con lo que otorgan a todas esas cosas un lugar en las alturas, como les sucede un siglo más tarde a los jamones y los pollos en los Cuatro labriegos de Velázquez.

Pero digo mal: hablaba de toda la inteligencia de un país, y en realidad se trata de toda la inteligencia de una clase social que ni siquiera tiene la conciencia de serlo. Y que tampoco dispone de un discurso revolucionario con que oponerse al absolutismo monárquico, al que se mostraría sinceramente leal de ser preguntada.  La conciencia también puede ser un artículo de lujo. No obstante, en los personajes de Rueda la vida resiste con furor por encima de fidelidades ideológicas. Es entonces cuando estas criaturas idean su estrategia para liberarse cotidianamente de un poder ejercido por los más próximos: los prójimos, cercanos y sin embargo mejor posicionados en la jerarquía social. Ante las órdenes del amo o frente al dueño de la taberna, el criado intenta el escaqueo fingiendo creerse ratón y el pícaro se escabulle dejando en prenda una espada. Obviamente, nada se modifica en el sistema que los oprime y que mañana exigirá una nueva treta; pero hoy y para ellos se ha abierto una pequeña brecha por la que respirar. 

Un siglo después, el ejercicio de las microrresistencias aparece incluso en la vida de las clases mejor acomodadas, porque allí las mujeres son un estrato sometido entre guardainfantes: qué otra cosa les queda a las damas de las comedias lopescas y calderonianas para escapar a la rigidez del código de honor que la traza, esa argucia que al final de la obra lo deja todo dentro del orden matrimonial pero que les permite a ellas, como mínimo, casarse con su elegido. Acudir aquí a Foucault permite lidiar mejor en ese callejón sin salida donde la crítica se ha visto al preguntarse con La viuda de Valencia o La dama duende en la mano si el teatro de Lope y Calderón suscribía el concepto de honra o lo ponía en solfa. Pues bien: quizá ni lo uno ni lo otro. Quizá ese teatro no es más ni menos que un testimonio del juego entre un sistema ideológico cuyo poder permanece inalterable y las resistencias domésticas que le oponen algunos individuos sin llegar a desarmarlo, pero creando una grieta en la que vivir con más holgura.

Olvidarse del propio nombre, hacerse la tonta, ir en busca del deseo a través de un mueble corredizo: microrresistencias en los siglos de oro como el agujero en el muro de Morelli, donde la ausencia de un pronombre en el discurso sobre lo imposible  —en el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay deja un espacio para que entre la luz.

Sin máscara

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A mí me congratula lo indecible que este trilero hable de agresividad: por fin ellos mismos explicitan sin tapujos que la del capital es una política de la violencia.

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Ratas en el barco

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Manuel Viladevall, ínclito vicerrector de profesorado de la UB, se ha creído que es el capitán del Costa Concordia.

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Europa, Europa

Leyendo El gentil monstruo de Bruselas vengo a enterarme de que la Unión Europea cuenta con una legión de comisiones cuyos funcionarios se dedican a regular con primor desde la curvatura de los pepinos hasta el modo en que ha de iluminarse un cuarto de estar, pasando por el peso saludable para todo ciudadano o el largo apropiado para los condones. En serio: un puerro debe ser blanco o blanco ligeramente verdoso al menos en 2/3 de su longitud para poder estar en los comercios. El furor regulandis del funcionariado europeo aspira a la existencia toda, y con desvelo pedagógico se afana en medir los pormenores más variados de la vida para entregarlos normalizados a una ciudadanía que se obstina en su desorden. Ante tanta diligencia, no puedo menos que recordar aquel entusiasmo epistemológico de la Ilustración que quería revisar el mundo entero a la luz de la razón. No es de extrañar que el Diario Oficial de la UE pese ya una tonelada. La Encyclopédie se ha quedado tamañita ante el espíritu de Bruselas.

Ojo

a

Que con algo como esto, el autor de un post como este podría llevarse un buen susto e incluso alguna collejita.

Y yo que creía que andaba emparanoyada. Pero no, parece que vamos camino de Corea (esa Corea, ya saben).

[P. S.: Justo cuando volvía a pensar que estaba exagerando, va y aparece esto.]

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