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A río revuelto...

A río revuelto...

Victor Dubreuil, Barrels of Money.   

Parece ser que el colonialismo no se conforma con la idea de que, en lo que a territorios inexplorados que esquilmar se refiere, no hay más que arrascar: si ya no hay tierra virgen para el desarrollo económico (el suyo, claro), entonces debe crearse.  Y sí: Bush tiene una oficinita (la Office of the Coordinator for Reconstruction and Stabilization) que ha elaborado ya programas de reconstrucción para 25 países que todavía no ha destruido nadie.  Y si alguien se pregunta por qué los escombros del Tsunami siguen en las playas, que no piense ni por un momento que se trata de olvido por parte de EE. UU. o el Banco Mundial, no, no: ellos se acuerdan todos los días de Sri Lanka.  Ocurre, sin embargo, que el dinero hay que gastarlo en cuestiones verdaderamente importantes: nada de casitas de pescadores en la costa; mejor un plan de reestructuración económica en profundidad (como ya aprovecharon para instaurar en Centroamérica tras el paso del Mitch). 

En fin, Naomi Klein lo explica mucho mejor que yo: The Rise of Disaster Capitalism.

 

Anunciación

Anunciación

Sandro Botticelli, Anunciación de Cestello (1489-90). Galleria degli Uffizi, Florencia

Y cuando Dios entró en el despacho y dijo que tenía buenas noticias y que se le había concedido un contrato al Departamento y que además estaba bien pagado y que yo debía aceptar, la luz se hizo en lo más hondo del corazón de esta criatura miserable, que no cabía en sí de gozo viendo cómo lo que durante 4 años habían sido inversiones en el vacío se convertía como por encanto y en un instante en todo lo que podría hacer en el curso de los 4 siguientes.  Y esta mujer bendecida por el azar no pudo menos que responder: "Señor, he aquí a tu sierva; cúmplase en mí según tu palabra".  Y pidió a los hados que bendijeran con muchos y venturosos años de vida a Dios, que lo es. 

Poética

y ahora sé por qué la brevedad
conozco el motivo de esa concentración
por qué esas cajitas
porque en ellas es posible dar con cosas muy pequeñas que sin embargo tienen la capacidad de ser enormemente terribles
es fácil en la torrencialidad encontrar multitud de cosas tremendas
eso es normal
no hay más remedio
pero que algo tan pequeño pueda contener un horror inmenso o una inmensa luz
eso
eso solo
(para la fascinación siempre fui una niña)
ya es el milagro

Habitantes II

Habitantes II

Marina Núñez, de la serie La locura / monstruos (1997)

 

En medio del pasillo de mi casa duerme una loca furiosa.  Cuando tengo que pasar junto a ella lo hago muy en silencio, cuidadosamente, casi sin sentirme.  Contengo la respiración, hago leves los pies, y me deslizo.  En realidad todo cuidado es inútil; pues el sueño es criatura tornadiza y no se puede controlar sus ritmos.  A veces, estando yo en el comedor o en la azotea, inevitablemente se despierta.  Entonces lo destroza todo a su alrededor: revienta las habitaciones, ataca a las visitas, me asalta por la espalda, ella misma se araña y se desmonta. 

Cuando la rinde el esfuerzo, vuelve a dormirse.

Yo comienzo como siempre una perpleja tarea de reconstrucción.

 

Michel

Michel

No hay cosa más reveladora cuando uno está leyendo El inmoralista que llegar al final del segundo capítulo de la segunda parte del libro y descubrir en el cuerpo de Marceline que Michel es un impostor de los más burdos.  Pues hasta ahora todo había sido hermosamente nietzscheano: la enfermedad como metáfora de la renovación, rito de paso tras el cual ha de nacer un hombre libre de los envaramientos impuestos por una cultura alejada de la vida; el deseo de intensificarla, de encontrarla nueva y más plena en todas aquellas facultades humanas que la civilización mantiene reprimidas; la defensa contra tendencias uniformadoras de la propia voz, de aquello que distingue a cada uno respecto a los demás y lo hace único.  O lo que el propio Michel llama "aquel esfuerzo a favor de la existencia". 

Pero al llegar al punto en que Marceline queda postrada por la tuberculosis que el propio Michel --no se olvide el precioso detalle-- le ha contagiado, ah señores, entonces ya no es la enfermedad el lugar de todas las potencialidades y los descubrimientos, no.  En Marceline no contempla Michel la posibilidad del mismo proceso renovador que ha tenido lugar en él, y desde su mirada aparece ella como "una cosa deteriorada", una depositaria del paso corrosivo del tiempo, comparable a todos esos objetos --los aguafuertes, las alfombras, las copas-- que manchados tras las fiestas de sociedad ponen de manifiesto "el horrible desgaste de las cosas". 

A partir de aquí, la inconsistencia de Michel se hace cada vez más irritante.  El que quería ir al encuentro de su libertad, el que en las sensaciones de su cuerpo daba voz al prodigio de la vida, acaba convertido en un descafeinado de sí mismo que ni come ni deja comer, que no termina de despojarse de lujos asiáticos por mucho que aspire al vagabundaje, bohemia de pacotilla y bolsillo lleno muy propia del yuppie metido a hippie.  Quien había querido intensificar la vida --ah esas emociones tan agudas que solo los fuertes pueden resistir-- se encuentra finalmente con las antenas del deseo insensibilizadas. 

Y en efecto, Michel solo puede disfrutar de lo intacto, es decir, de nada.  Todo lo atravesado por el tiempo es para él indigerible.  Cuando al volver a Biskra reencuentra a los niños que habían hecho sus delicias durante la primera estancia, Michel queda horrorizado: ahora son carniceros, exconvictos, lavaplatos; han engordado, les falta un ojo, son feos.  (Oh niñatito hipersensible: qué antiestético es tener estómago sin tener dinero).  A Michel, por supuesto, se le caen los palos del sombrajo: su incapacidad para no amar más que lo incontaminado, más que una superficie en la que no se reconoce historia alguna ni el valor de esa historia y de la persona que la carga consigo irremediablemente, es perfecta y terrible.  Y lo mejor del caso es que encima se justifica en un discurso de superioridad moral.  De nuevo la pista la ofrece Marceline, al señalarle a Michel las limitaciones de su teoría sobre el mundo: "Pero suprime a los débiles", le dice rozando la clave.  Y no, no es del todo así: no suprime a los débiles; les supone --como hace con ella-- la imposibilidad de ser fuertes, desprecia como debilidad todo aquello que no entiende (dudo mucho que la Sonechka de Dostoyevski pueda ser calificada de débil, y sin embargo estoy segura que tanto Nietzsche como Ménalque la tacharían de tal).  Aquí "débil" es el calificativo mediante el cual se le impone al otro la incapacidad de ejercer una libertad equiparable a la propia: es un modo de aristocratismo que para afirmarse necesita de la pretendida vulgaridad ajena.

Y no obstante, va a ser el aristócrata, el perseguidor de la dicha que los demás desconocen --pobres ovejas--, el que acabe sumido en un aburrimiento insoportable del que ni siquiera lo aliviaran sus exóticos escarceos sexuales.  Cuánto recuerda este Michel a sus excelsos descendientes, protagonistas de Las partículas elementales o Plataforma.  Cuánto acierta Houellebecq al someterlos a la mirada desmitificadora de lo grotesco y señalarlos como el fracaso del proyecto superhombre. 

 

Precedentes de la autoayuda

Precedentes de la autoayuda

Me hace mucha gracia este Miguel de Unamuno que comienza un diario para darse argumentos sobre la existencia de un Dios en que no cree.  Él mismo se lo dice en el tercer cuaderno: qué coño es "esto de que me esté aleccionando y predicando a mí mismo", si además nadie pasa por el Eclesiastés en vano (y mucho menos con un hijo enfermo).

Leyendo el Diario íntimo reparo en aquello de que "creer es crear"; porque hace ocho años, cuando lo escuché por boca de Dios --el problema de Unamuno es que no tenía un director de tesis-- a propósito de Carmen Martín Gaite, me pareció el acabóse.  Esta vez, sin embargo, me ha resultado un eco retrospectivo de aquello de que "si lo deseas intensamente, sucede", y se me ha ocurrido que el optimismo de manual que nos ronda es la nueva religión del siglo XXI (curiosamente, explicada bajo la científica luz de la teoría evolutiva).

Yo persevero también en predicarme con el dogma, pero tampoco me sale.   

Habitantes

Habitantes

 

Ah deseo, deseo, niño de perfecta inocencia que oculto en el sótano más oscuro de la casa, como si de un monstruo deforme y vergonzante se tratara.

 

Vive la France!

Un 10 para los franceses. 

(El neoliberalismo, no obstante, considera que la victoria de los derechos sociales es producto de la decadencia europea...  Ah, pero qué poetas, qué hermosa perversión del lenguaje.)

Un libro

Un libro

En sus conversaciones con Ligia, Gurb llega a la conclusión de que tiene que escribir un libro que se titule --no sé por qué, en portugués el sonido acoge con más amorosa sutileza la retranca de la ocurrencia-- A espetativa da formiga.  Semejante título desata tantas sugerencias sobre la vida de que estamos aquejados, que a Gurb se le va a hacer necesariamente difícil cumplir con todas ellas.  Es por eso que consigno aquí el hallazgo, no sea que de otro modo se pierda en la noche de los tiempos laborales. 

Yo estaré ahí

Yo estaré ahí

Acabo de enterarme de que se está convocando por Internet una sentada en diferentes ciudades españolas (Barcelona, Madrid, Valencia, Salamanca...) para el 14 de mayo, con el objeto de reivindicar el derecho a una vivienda digna.  En Barcelona es a las 17 h. en plaza Catalunya.  El mensaje está corriendo por mail, pero se encuentra también en Indymedia, en Wikimedio (donde aparece la relación de ciudades y los lugares en que se producirá la cita) y en montones de blogs.

Prensa: Telecinco, Granada Digital, Madridpress.com, La Voz de Galicia (un poner).

Me pregunto si los medios se dignarán a darle a esto la cobertura obsesiva que le proporcionaron al botellón.

 

Joé...

Joé...

...que casi me quemáis el Almirall.

Y de todos modos sigo pensando...

Todavía más.

 

Santa ira

Santa ira

Laura Patricia Quintanilla Silva, Lanzallamas II, 1999

En el telediario de Antena3 de este mediodía, escucho al locutor referirse a los incendiarios de las manifestaciones francesas como "alborotadores".  No me pondré quisquillosa con la ideología de la cadena; porque es una tendencia que ya he detectado en otros medios: la de reducir la tensión social a gamberrismo gratuito.  Al parecer, la ley del gobierno francés no es una provocación violenta ni arbitraria.  Claro, se sostiene sobre la razón económica (que los jovenzuelos manifestantes son incapaces de comprender).  Eso al menos es lo que sugiere el director adjunto de La Vanguardia, en un articulito de pirómano donde derechos históricamente conquistados --no sin un precio-- aparecen como capricho de inadaptados a la coyuntura globalizada (además el señor se nos pone poético y pronuncia el nombre de Blade Runner en vano).  No es que a mí me hagan gracia cosas como esta; pero considero que semejante perversión del discurso es tan agresiva como la quema de un contenedor.  Y estrechar el embudo siempre por el mismo lado, no te digo. 

De La Vanguardia:

"Botellón, también político

"ALFREDO ABIÁN - 19/03/2006
"Director adjunto

"Mirar el tragaluz por el que se filtra la actualidad, real o magnificada, continúa provocando un cierto desasosiego. Empezamos a ver con más frecuencia detalles y cosas que nadie creería. Y tememos acabar como el pobre replicante interpretado por Rutger Hauer; con la batería vital agotada cual Nexus de la serie 6. Veamos. Las calles de las principales ciudades francesas andan estos días revueltas por una protesta estudiantil contra la reforma de los contratos laborales para jóvenes. Algunos prefieren seguir en el paro con una legislación garantista, antes que encontrar trabajo a cambio de renunciar a parte de unos derechos adquiridos que la globalización demuestra inaplicables. Aquí, en un arrebato esotérico, alguien ha intentado que la agitación juvenil llegara a nuestras capitales de la mano del alcohol. Rotundo fracaso. En el peor de los casos, apenas el 0,5% de los más de nueve millones de españoles de entre 15 y 19 años tiraron de botellón en la madrugada de ayer, aunque el comportamiento de una minoría violenta pueda hacernos creer que los cuatro contenedores incendiados eran naves en llamas más allá de Orión. Aquí confundimos con excesiva frecuencia a Blade Runner con Harry Potter, cuando la realidad se aproxima más a la complejidad relatada por Ridley Scott que a los juegos de manos que hacen las hadas del presente. Quizás por ello también produce hastío el interminable macrobotellón político que pretendidos adultos convocan casi diariamente a costa del Estatut."

Vino y res publica

Vino y res publica

Le decía este mediodía a mi hermana que los españoles estamos demostrando ser más postmodernos que los franceses: ellos se manifiestan para que el sistema sea racional; nosotros actuamos simplemente al margen del sistema.  Si la empresa te acogota, ocupa la plaza pública y entrégate al furor báquico (creo que Bajtin estaría orgulloso de nosotros).

Y no; no voy a hacer como The Times (que presenta ambas noticias, la de las manifestaciones francesas y la de los macrobotellones españoles una junto a la otra en su edición en papel) y aludir a la frasecita franquista que después se ha convertido en azote crítico de la caspa española.  Porque ¿saben ustedes?  Me parece muy bien.  Todo lo que sobrepase con semejante desparpajo las políticas hiperordenadoras de este señor me parece fantástico (y puestos a evitar los obstáculos policiales, ¿por qué no hacerlo en el recinto del Fórum?: ah, señores, eso sería de una justicia poético irónica insuperable, y además los vecinos no tendrían motivo de queja). 

Soy enemiga de encuentros masivos (la Mercè, Navidad y Sant Jordi me desquician), y en cuanto al alcohol, digamos que a la segunda copa de vino ya estoy chisposita.  Pero es que estaba pensando este mediodía que hace dos años, para celebrar mi cumple, Julia, Will y yo fuimos a un súper, compramos una botella de Penedès, nos sentamos en las escaleras de la iglesia que hay en la plaza de la Virreina y nos repartimos el vinito tan felizmente.  Y he pensado que ese momento de dicha elemental ahora me costaría una multa.  Y que comienzo a estar hasta los güevs de tanta tontería (otra vez poniéndome parriana).  Así que me encanta el gesto tocanarices de esta desordenada, gamberroide e inmotivada ocupación del espacio público.

Un día de estos me planto ante dos mossos con una botella de vino llena de agua, por aquello de joder (o si no: todos a la Rambla del Raval con una botella de Viladrau, ¡juas juas!). 

Idiota

Idiota

Para P. encontré La escala de los mapas; para X., Las partículas elementales; para D., Idiota (cámbiense "niña" por "niño" y demás femeninos por masculinos).  Le va como un guante:

Ya está ahí la luna...
¡Qué perra la vida y esta soledad!
No quisiera perderme tu tren
y saber lo que es malgastarte...

Podría coger cualquier autobús con tal de un beso más,
pero tengo pesado el hogar y ya no puedo hacerlo igual...

Puede que mañana me quiera ir...
y puede también, que mañana sea la vida,
y que mañana, no exista mañana...

No soy una niña.
No soy ese duende.
No soy luchadora.
No soy tu camino.
No soy buena amante, ni soy buena esposa.
No soy una flor, ni un trozo de pan.
Sólo soy esa cara de idiota...

Idiota por tener que recordar la última vez que te pedí tu amor...
Idiota por colgar tus besos con un marco rojo,
por si ya no vuelvo a verlos más...
Idiota por perderme por si acaso te marchabas ya,
y tirar tu confianza desde mi cama hasta esa ventana...

No soy una niña.
No soy ese duende.
No soy luchadora.
No soy tu camino.
No soy buena amante, ni soy buena esposa.
No soy una flor, ni un trozo de pan.
Sólo soy esa cara de idiota...

No ves qué fácil ha sido para mí
perderlo todo en un momento,
por mi miedo a perder,
por mi miedo a no controlar tu vuelo...

Nena Daconte

Color, pétalo, tesón

Color, pétalo, tesón

...para mí, para quien las flores forman parte del deseo...

Antígona de nuevo (II)

Leyendo un post de Óscar, me vuelvo loca buscando uno mío de diciembre de 2004 y resulta que ha desaparecido (Blogia y su reconversión).  Se puede encontrar el original (17de diciembre de 2004) en la versión caché de Google si se introducen en la búsqueda los términos "Antígona", "Unamuno" y "Pilar Manjón".  Pero lo vuelvo a copiar aquí:

"Decía Adorno que la verdadera obra de arte, sea o no sea ese su propósito consciente y originario, posee la capacidad de revelar lo oculto tras la ideología, dándole oportunidad de que rompa a hablar. La realidad, en ocasiones, tiene los mismos aciertos. Ocurrió anteayer: estaban los mercaderes (aunque no sé si la analogía bíblica les queda grande) dispuestos a legitimar el templo poniendo a su actuación el broche de oro --concedamos al pueblo su exigua pero lucida parcela de representatividad--, cuando de repente se encontraron a Pilar Manjón repartiendo hostias a todo Dios. Dice Arcadi Espada que la lástima es que a esta mujer se le vaya a hacer más caso por lo que lloró que por lo que dijo, por el papel de mater dolorosa que se le adjudicó que por el dudoso valor de las verdades que pudiese haber puesto de manifiesto. Pero no hay que confundirse: que los medios de comunicación y la marcha sempiternamente autista de nuestra política vayan a prescindir de esas verdades y a pervertirlas silenciándolas bajo el juego de la compasión no significa que aquellas no deban ser dichas, y menos aun que decirlas no sirva para nada. Solo faltaría que, como dice mi madre, además de joíos, apaleaos: obviamente la clase política lo mismo se pasa por el forro una manifestación ciudadana que la opinión de la Asociación de víctimas del 11-M; pero estaríamos buenos si por esa sordera de cínicos no siguiésemos pegando gritos. Con nosotros, no, mis mercaderes, con nosotros no. Quizá me sobra la ingenuidad que a Espada le falta (cosa que suscribirían bastantes de mis amigos); pero yo confieso que sentí un orgullo cívico casi insano --calma, calma-- al oír a Pilar Manjón reclamando que se devolviese a los ciudadanos el protagonismo que los partidos se han arrogado todo este tiempo (joder: para una vez que este país se despierta y que lo hace rompiendo todas las formalidades que tuviera que romper para señalar una ley más alta que la formal, y resulta que no, que es que hemos sido todos hipnotizados por el teléfono móvil). Además otra cosita: que la televisión se dedique a explotar el detalle lacrimoso y prescinda sibilinamente de las razones, no es excusa para descartar estas como inválidas. Ese prejuicio acerca del sentimiento es ya muy viejo como para que todavía sirva de criterio valorativo: el sentimiento puede ser manipulable, no lo niego (sobre todo si puede reproducirse en diferido); pero no tiene porque carecer necesariamente de inteligencia. Lo dijo la propia Pilar Manjón y estoy segura de que Unamuno hubiera suscrito sus palabras: "un argumento sentido no es un argumento torpe", y al racionalismo hace ya mucho tiempo que se le hizo la crítica de excesos.

"No voy a quitarle razón al que piense que el poder se lo asimila todo, discurso antisistema incluido (lo que no mata, engorda, parece ser su política). No obstante, recordando aquello sobre el pesimismo del pensamiento y el optimismo de la acción, me reafirmo: hay cosas que deberemos seguir haciendo siempre. Los actos de autenticidad son frágiles, inermes y fatalmente pequeños en medio de la vorágine. De ellos poco se sabe, porque su fogonazo se extingue pronto y luego vuelven las cosas a quedarse a oscuras. Pero se producen. Ahí ha estado esa intervención final en la comisión del 11-M. Es posible que el olvido se la coma. Es posible también que los medios de comunicación la hayan convertido en lo que no es. Es incluso posible que su ejecutora se transforme en símbolo de lo que otros quieren si no se anda con cuidado. Pero fue por un momento. Y ahí estuvo si no Creonte, a quien la aparición de Antígona le repateó los higadillos."

Tanka

 

de aquel desierto 
—cuerpo agostado y áspero—
busca el oasis
mi vocación sedienta, 
mi hondo espejismo fértil


 

Tomo el relevo de Manuel H. y se lo paso a Óscar y a Arponera.

Las reglas del juego son las siguientes (aunque lo de las 31 sílabas y su disposición irregular me parece a mí que no puede ser si la estructura estrófica obligada es 5-7-5-7-7):
. Cada jugador invitará a dos participantes, indicando las reglas del juego y avisándolo en el blog.
. El invitado al que se le pasa la estafeta iniciará la composición con la frase "pivote" del participante anterior, quien deberá resaltarla en cursiva o en color rojo.
. La forma será de Tanka (poesía japonesa tradicional). La estructura constará de cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas.
Un tanka puede ser un texto dividido en cinco partes, usando treinta y una sílabas o menos, permitiendo que fluya la prosa poética, dictando la longitud de las líneas que quedarán separadas por signos de puntuación. (La disposición de las sílabas puede ser irregular pero siempre conservando el mismo número de versos). El invitado elegirá la unidad rítmica que prefiera.
. Debe existir el concepto "pivote", o eje del poema. En algun punto de la tercera línea va a existir una imagen que relaciona o liga las dos primeras con las dos últimas.
. El tema será libre.
. Cada participante debe señalar el blog del que proviene y enlazar a los invitados.

 

La ley de la porra

La ley de la porra

Mes de febrero: a K., novio de A., lo detienen en la calle dos mossets d’esquadra y le dicen que al día siguiente tiene que participiar de relleno en una rueda de reconocimiento.  Esto --os lo advierto, queridos míos, sobre todo a los que tengáis cara de malos malosos-- le puede suceder a cualquiera de nosotros (es un deber colaborar con las instituciones, lo mismo siendo parte de una mesa electoral que codeándonos con un grupo de presuntos violadores); pero como el agravio comparativo es bastante evidente (¿necesito mencionar el pequeño detalle de que K. es magrebí?), A. monta en cólera y telefonea als mossets para armarles la de Dios.

Lunes 6 de este mes, a eso de las 9.40.  Transbordo de Paral·lel.  Subo al vagón, me siento y veo venir en mi dirección a dos guardias de seguridad (esa turbia parapolicía que puebla el metro a menos que se la necesite en San Juan para detener a un gorila exaltado que le ha abierto la cabeza a otro tipo).  Pasan de largo junto a mí y se detienen al pie del marroquí que tengo a mi espalda.  Lo sacan del vagón y le piden el billete.  Al conductor del metro le hacen una señal avisándole de que puede arrancar sin problema.  O sea:  por mis cojones y por tu cara morena hoy vas a perder el metro. 

Sábado 11 de este mes, a eso de las 9.45.  Ronda de Sant Antoni, dirección al mercado.  Dos mossets d’esquadra paran a un negro y lo apartan a un lado de la acera, con la espalda contra la pared.  El sujeto en cuestión levanta un poco los brazos, como diciendo que con él no van asuntos policiales. Uno de los mossets llama a la central, mientras el otro tranquiliza al negro diciéndole que si no tiene nada pendiente, lo dejarán seguir con el paseo. 

¿Y alguien puede explicarme qué carajo hacía la poli francesa metiéndose en la Sorbona para desalojar a los estudiantes?

Democracia europea, que le llaman.

Un poco de diente por diente

Un cabrón menos.

Para justificar semejante arranque parriano.

Y por si fuera poco. 

 

Sobre platonismo y otros desvaríos del ELE

Sobre platonismo y otros desvaríos del ELE

Sandro Botticelli, Retrato de un joven, c. 1480.  National Gallery of Art, Washington 

De Forges (no encuentro la viñeta):

--¿Profesión?

--Animadora, educadora, actriz, maestra, psicóloga, guía turística, acompañante, traductora, ponente, lingüista, psiquiatra, diseñadora, formadora, escritora, dibujante, gesticuladora y paseante.

--Todo eso no cabe.

--Pues ponga "profe de español", que es lo mismo.

***

Mi niño ha cumplido apenas 18 años.  Tiene el pelo largo (por debajo de los hombros), negro, brillante, liso; la piel blanca; los ojos oscuros, grandes, un poco tristes.  La boca..., ah por Dios, no hablemos de la boca.  No le corresponde estar en mi grupo de visitas, sino en el de Laia; pero siempre viene con nosotros.  Cuando nos detenemos a explicar algo, se coloca a mi derecha o justo frente a mí.  Escucha con una ligera, casi tranquila avidez (tiene unas maneras serenas, elegantes, cadenciosas; su modo de responder a las preguntas o de formularlas parece responder al pulso interior de una música muy callada).  De vez en cuando apunta algo de lo que digo en un cuadernito.  Yo me lo comería, señoras y señores, confieso que siento un amor platónico por este niño que me busca al reunirse el grupo frente a Ciencia y caridad

Al salir del museo, me acerco a Laia para despedirme.  Se está haciendo fotos con los chicos de su grupo, y yo me despido también de ellos.  Entonces mi niño me tiende la mano, estrecha la mía durante un instante más de lo que bastaría a los usos sociales --yo deliro, ya estoy instalada en mi propia versión de Lolita--, me agradece mucho mis explicaciones, me gana en mi terreno este encantador de serpientes, me echa el anzuelo en la vanidad y me desmonta la presencia de ánimo --soy ahora una niña arrobada-- este adolescente en que la seducción es un talento natural y casi afirmaría (cómo interpretar esa suave inteligencia de los ojos) que ejercido con ingenuidad. 

Quién me iba a decir a mí que enseñando español iban a materializarse tan dulcemente mis lecturas de Steiner.  Fuera yo griega, joé, y pudiera ejercer aquello del discipulazgo...