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Santa ira

Santa ira

Laura Patricia Quintanilla Silva, Lanzallamas II, 1999

En el telediario de Antena3 de este mediodía, escucho al locutor referirse a los incendiarios de las manifestaciones francesas como "alborotadores".  No me pondré quisquillosa con la ideología de la cadena; porque es una tendencia que ya he detectado en otros medios: la de reducir la tensión social a gamberrismo gratuito.  Al parecer, la ley del gobierno francés no es una provocación violenta ni arbitraria.  Claro, se sostiene sobre la razón económica (que los jovenzuelos manifestantes son incapaces de comprender).  Eso al menos es lo que sugiere el director adjunto de La Vanguardia, en un articulito de pirómano donde derechos históricamente conquistados --no sin un precio-- aparecen como capricho de inadaptados a la coyuntura globalizada (además el señor se nos pone poético y pronuncia el nombre de Blade Runner en vano).  No es que a mí me hagan gracia cosas como esta; pero considero que semejante perversión del discurso es tan agresiva como la quema de un contenedor.  Y estrechar el embudo siempre por el mismo lado, no te digo. 

De La Vanguardia:

"Botellón, también político

"ALFREDO ABIÁN - 19/03/2006
"Director adjunto

"Mirar el tragaluz por el que se filtra la actualidad, real o magnificada, continúa provocando un cierto desasosiego. Empezamos a ver con más frecuencia detalles y cosas que nadie creería. Y tememos acabar como el pobre replicante interpretado por Rutger Hauer; con la batería vital agotada cual Nexus de la serie 6. Veamos. Las calles de las principales ciudades francesas andan estos días revueltas por una protesta estudiantil contra la reforma de los contratos laborales para jóvenes. Algunos prefieren seguir en el paro con una legislación garantista, antes que encontrar trabajo a cambio de renunciar a parte de unos derechos adquiridos que la globalización demuestra inaplicables. Aquí, en un arrebato esotérico, alguien ha intentado que la agitación juvenil llegara a nuestras capitales de la mano del alcohol. Rotundo fracaso. En el peor de los casos, apenas el 0,5% de los más de nueve millones de españoles de entre 15 y 19 años tiraron de botellón en la madrugada de ayer, aunque el comportamiento de una minoría violenta pueda hacernos creer que los cuatro contenedores incendiados eran naves en llamas más allá de Orión. Aquí confundimos con excesiva frecuencia a Blade Runner con Harry Potter, cuando la realidad se aproxima más a la complejidad relatada por Ridley Scott que a los juegos de manos que hacen las hadas del presente. Quizás por ello también produce hastío el interminable macrobotellón político que pretendidos adultos convocan casi diariamente a costa del Estatut."

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