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Nueva Orleans

Entrevista de Garland Robinet al alcalde de Nueva Orleans, Ray Magin (WWL-AM)

Technorati: Hurricane Katrina: página con testimonios en primera persona, últimas noticias sobre las consecuencias del huracán, enlaces a instituciones y un directorio de blogs que hablan sobre el desastre.

Lourdes Muñoz Santamaría: blog de la diputada del PSC que fue rescatada de Nueva Orleans tras el paso del huracán.

Farrapos

Farrapos

Foi assim
Que o tempo parou
Num lugar em mim
Que p’ra ti ficou

De Lénutchka nada voy a decir porque bien evidente es; pero como demuestra el trabajo que el narrador se toma para trasladar al delicado Dragón Feo de las siete cabezas musicales desde su isla hasta Villasanta de la Estrella, o como hace el obispo Sisnando al enterrar a doña Esclaramunda de Bendaña en el centro de un laberinto que bajo la catedral reproduce las formas de una confesión amorosa, en estos Fragmentos de Apocalipsis las palabras son el material con que se funda por amor al personaje un mundo sin el cual aquel no podría vivir, ni el narrador ofrendarle el tierno, irónico y absurdo refugio que ha construido con los restos de una Historia naufragada.

J'étais une autre

J'étais une autre

Johannes Vermeer, Muchacha leyendo una carta frente a una ventana abierta (detalle), Gemäldegalerie, Dresden

Dios santo, todavía aquella historia puede hacerme llorar.
Cómo podía escribir de ese modo.
Cómo podría escribir de ese modo.
Eso es lo que más me jode: haber perdido mis palabras, esa energía que las transformaba en una casa incendiada. Haber perdido esa absoluta intensidad con que existía y se afirmaba tenazmente mi mundo interior.
(Cómo explicar que partió un barco de mí llevándome.)
El blog… Vaya mierda, el blog, si lo comparo con esas cartas.
Qué poderosa es la intimidad.
Quizá eso es lo que sucede: que hay una falta de mí en todo lo que hago.
(Hostia, Yulka.)

Justicia histórica

Justicia histórica

Practicando el deporte inventado por Wordsworth (ese de convertir la infancia en mito biográfico bajo el que refugiarse cuando la vida viene de canto), vuelvo a mis dibujos académicos y precozmente correctos de la E.G.B. Digamos que fui una niña repelente, sí. Mis padres y allegados se deleitaban, se congratulaban, se admiraban ante la perfección mimética con que yo podía reproducir las láminas que nos proponían los profesores. Ah, pero como siempre el genio se encontraba fuera del campo de visión general: cuando comparo la virtuosa sumisión de mis dibujos respecto a la realidad con la libre interpretación del mundo que se reconoce en los trabajos de mi hermana, no tengo más remedio que reconocer la radical originalidad de estos últimos. Contemplando al rey que abdicó, al niño-pollo, a los pajaritos-plátano o a la dulce Polifema --personajes todos que ustedes irán conociendo a lo largo de la recuperación histórica que me propongo hacer en sucesivas entregas--, uno adivina el poderoso mundo poético --lírico, irónico, tortuoso-- que guiaba la mano al dibujar.

Vaya como adelanto esta Lulú loca, frívola y despiporrada cual cocotte campestre y volandera.

Promiscuidad de los hechos

Promiscuidad de los hechos

Vuelva usted de vacaciones para enterarse de esto y de esto. Por suerte también he descubierto una web preciosa y he disfrutado cual criatura de tres años con la última maravilla de Tim Burton.

Plaça Reial

Plaça Reial

Recuerdo aquella historia de Amores perros en que una modelo se desquicia a causa del ruido provocado por lo que ella supone una invasión de ratas bajo el parquet de su nuevo apartamento. También recuerdo la asociación inmediata de Julia: los desharrapados reproduciéndose bajo los cimientos de la ciudad construida por el dinero (o versión mejicana de Metropolis).

Parece ser que al señor Bohigas le está ocurriendo algo semejante.

Tirando a matar

Así en la distancia debe de ser difícil distinguir entre el moreno de un brasileño y el moreno de un pakistaní. Por no hablar de lo peliagudo que resulta diferenciar, así a lo lejos, entre un pakistaní inocente y un pakistaní culpable. Es por eso que Scotland Yard, para no atorarse en detallismos inoportunos que vendrían a entorpecer la necesaria rapidez de su trabajo --a qué detenerse en procesos judiciales--, ha decidido que seguirá disparando a cualquier bulto sospechoso que se cruce en su camino. Y no a las piernas o siquiera a las rodillas. No, no: a la cabecita, de cinco en cinco.

Con el beneplácito de Jack Straw.

Las malas lenguas

Las malas lenguas

Santiago Auserón en el Grec(Agencia EFE)

Oh Dios, nunca me siento tan feliz como cuando el cuerpo se me llena de música.

¿Cuánto corazón es necesario arriesgar en lo que uno hace como para conseguir que la carne de un desconocido que escucha alcance esa felicidad sin fallo, esa felicidad sin fisura, esa felicidad absoluta, esa felicidad imperiosa y primitiva que no tiene agujero negro por donde llegue el desencanto?

Oh Dios, ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar separarán jamas mi alma del alma de Annabel Lee. Y la voz de Sheilah Cuffy como un hondo viaje a mis más oscuras minas.

Manifiestos y dolce far niente

Manifiestos y dolce far niente

Christopher Rossi, Martini

Acabáramos. Ya me olía yo que lo del dichoso manifiesto no pasaba de ser una pataleta de intelectuales, simple cuestión de mantener entretenida a la familia: los enfants terribles de la elite catalana épatant a sus correctos padres políticos. Y claro, hay que darles las gracias por querer representarnos, por tomar a su cargo la misión de darnos la voz que no tenemos (por lo visto, los ex-novísimos que primero la denostaron, andan nostálgicos de los tiempos de la poesía social). O eso es por lo menos lo que se desprende de lo que escribe hoy Arcadi Espada --uno de los firmantes del Manifiesto-- en su blog. Qué dulce, ¿no?, debe de ser apurar un Dry Martini una hermosa tarde del recién estrenado verano, mientras en el trastero mental se juguetea con la ocurrencia de impulsar la creación de un partido político.

Els altres andalusos

Obscenidades

El jueves por la noche me perturbaron las palabras de un periodista inglés (un tal Justin Webster, creo recordar) al que entrevistaron en La 2. La verdad es que lo que el tipo dijo ya lo habían dicho antes en los telediarios; pero en ese momento, al comprobar la normalidad con que el tal asumía la cuestión (el tal y todo su país), la imagen del mundo me causó vértigo: resulta que los ingleses no se preguntaban si esto iba a suceder; sino cuándo iba a suceder. Estar esperando. Es decir: de pocas cosas podemos estar seguros en esta vida; pero de que un día de estos una porción de ciudadanos saltará por los aires, de eso no cabe duda. Podríamos, incluso, marcar un calendario. De hecho, en alguna parte, hay un calendario marcado.

Y qué. Lo más terrible es eso: y qué. (En El tercer hombre, Lime le explica a Martins que vistos desde lejos los hombres son hormigas cuya muerte no causa escalofrío alguno.) ¿No da la sensación de que todo esto es una cuestión de familias? ¿No da la sensación de que la vida que vivimos es la ficción de aquí abajo, donde jugamos a que nuestros destinos nos pertenecen? ¿No parece que estamos en la caverna? Lo digo porque desde la noche del jueves las cosas me parecieron de otro modo radicalmente distinto a como las veo normalmente. No es que antes no haya sostenido esto mismo; pero desde esa noche se me muestra tan claro... Quiero decir: existen unas cuantas elites en lo alto del mundo (allí donde verdaderamente la realidad tiene lugar), una serie de familias que poseen dinero y armamento y compiten por el reparto del pastel. Actualmente hay una de ellas a la que no se le concede la porción que desea (a mí que no me jodan: a al-Qaeda la radical desposesión de futuro de la juventud palestina no le importa más que como caldo de cultivo, y visto por el otro lado, la única diferencina entre Bush, Putin y Bin Laden es que este último no se sienta a la mesa del G7.  Nosotros estamos en medio. Nosotros somos, además de su fuerza de producción (material e ideológica), su moneda de cambio: los ingleses ya sabían que lo de ayer tenía que suceder; esto es, Blair ya sabía que su jugada estratégica dentro de la familia a la que pertenece le iba a costar un desembolso humano (casi me sonroja escribir esto, pero me acuerdo de El tercer hombre y entonces deja de parecerme aventurado).

Dice Blair que el terror no conseguirá hacernos abandonar los valores democráticos. Yo ya no estoy segura de saber qué coño es eso. No me parece que la expresión 'valores democráticos' se refiera a nada que exista fuera de la caverna.

35, 36, 37...

And death looks on with casual eye / and picks at the dirt under his fingernail.

Hipersensibilidad

Hipersensibilidad

Llevo cuatro años haciendo encaje de bolillos para elaborar alguna explicación coherente sobre la tortuosa deriva ideológica de Azorín, y ahora que se me acaba la beca descubro en un artículo de Joan Maragall ("Artículo sentimental", en el Brusi del 12 de marzo de 1903) que la única aproximación posible y rigurosa hay que hacerla por vía emotiva:

"Soy conservador porque detesto la inquietud y el ruido".

Hiperestesia y política. Yo no lo habría dicho mejor.

Mi lugar ausente

Mi lugar ausente

Gurb tiene un meñique con lunar que se levanta por elegante cuenta propia al tomar el café con leche por las mañanas o durante las visitas al dentista. (En los desayunos Gurb defiende su mutismo con firmeza de animal recién despertado, y mientras enguye su pan con mantequilla puede sentir invadido su espacio vital por la energía excesiva de mi verborrea o el embobamiento feliz con que me sorprendo de su existencia.) Gurb tiene un arte especial de la prisa (es una histérica del tiempo a su tiempo) y puede desatarse en ella la santa ira cuando se juntan hasta tres personas en el lavabo. A Gurb le encantan las camisetas de Paramita, las películas de Billy Wilder y las novelas de Pérez Galdós (lo cual demuestra el error de Cortázar, pues Gurb lo mismo se pirra por el garbancero que por Roberto Bolaño). Antes Gurb tenía un trabajo aburridísimo que la sacaba de quicio; ahora tiene uno nuevo en el que sortea los asedios de la locura laboral con pequeñas fintas estratégicas. Hay un hombre que dice que Gurb es la mujer más dulce que pisa la Tierra; pero lo cierto es que Gurb no le hace mucho caso: ella prefiere aprender a bailar samba y hablar cuatro idiomas y medio (una de las amigas de Gurb habla incombustiblemente por los codos, lo cual debe de ser extenuante a la vez que prueba de alguna extraña suerte de abundancia del corazón).

Gurb puede ser como una candelita o como una respiración compañera en la noche.

Gurb es sin lugar a dudas el mejor sitio de estar.

Mientras no amanece

Mientras no amanece

Georgia O'Keeffe, White Camelia

Sueño que abro la persiana y que a causa del último riego las plantas han florecido, y entre los Zygocactus y las Impatiens han crecido la salvia y las campánulas y otros muchos colores que yo no tenía sembrados. Además el niño por el que no tengo la osadía de pisar la biblioteca de Latín pasea conmigo --charlamos-- y abre un enorme paraguas de lona cruda. Yo abro el mío --charlamos, plano picado de los dos paraguas-- y bailo, la la la.

Imágenes para comprender

Imágenes para comprender

Jacob Van Ruysdael, Sendero de arena a través de un bosque de robles, c. 1646-1647. Museo Nacional de Arte, Copenhagen. (Detalle.)

No sé si es porque ayer volvió a tentarme la relectura de Claros del bosque, o porque los calores lo han propiciado; pero anoche en el duermevela se me apareció la imagen a través de la cual he podido entender qué sucede aquí. Y bien: tú quisiste adentrarte en el bosque candelita en mano por ver si encontrabas leña que te conviniese, y cuando te diste cuenta de que la chispa lanzada tenía todas las posibilidades de derivar en un incendio del que tú mismo podías salir escaldado, volviste sobre tus pasos.

Ay..., qué poco respeto me merecen los pirómanos arrepentidos.

El cielo gira

El cielo gira

El astrónomo aficionado: Los hombres han mirado las estrellas en todas las épocas de su historia.
El pastor: Claro, pues si ya estamos en el suelo, tendremos que mirar para arriba.

Como dice J., al final, por más elaborado que sea el discurso, uno no puede salir de los mismos cuatro argumentos que esgrimiría un pastor soriano. Con la diferencia de que este, todavía, conserva el digno gesto de no dárselas de listo.

El cielo gira
Pello Azketa

Epifanía, escatología

Epifanía, escatología

Paul Gauguin. D'où venons-nous? Que sommes-nous? Où allons-nous? 1897. Oléo sobre lienzo. The Museum of Fine Arts, Boston.

A veces el sentido de la propia existencia se recompone ante nosotros en los momentos más insospechados (a pesar de lo que recen todas las psicoterapias al uso, comienzo a sospechar que solo de ese modo discontinuo y más o menos recurrente en que la imagen del mundo alcanza el inusitado equilibrio compositivo de cualquier cuadro de Gauguin puede uno intuir que quizá no todo es inútil). El caso es que hoy mi madre ha aceptado colocar en el comedor todos los libros que tengo de las colecciones Austral, Cátedra y Alianza, y yo me he sentido la mujer más dichosa sobre la Tierra (cada vez que alzo la vista a esa ringla de colorines formada por los volúmenes de Espasa-Calpe siento una emoción semejante a aquella que me embargara cuando descubrí que en la biblioteca de la UAB sí podía tener acceso directo a toooooooooooodas las misceláneas de artículos de Azorín). Y lo que yo digo: ¿qué carajo tiene que ver esa estampa de plenitud cromática, ese instante de reconciliación con el hecho de dormir --todavía-- en la estrecha litera de mis quince años (¿alguien se acuerda de lo que rumiaba Mrs. Dalloway en la habitación del ático?) , esa satisfacción balzaquiana de haber encontrado en el mundo un espacio para el propio oficio, qué tiene que ver todo eso, me pregunto, con la serie de absurdas imágenes que se han sucedido en mi existencia desde hace un mes? Pese lo que le pese al círculo valenciano de crítica postmoderna (leyendo a otro discípulo de la escuela de Facundo Tomás vuelvo a constatar que la teoría es sugestiva, pero que se estrella contra los ambiguos --e incluso no tan ambiguos-- matices de los textos), hay que reconocer que el único modo de resolver semejante promiscuidad de los hechos es concederle a la epifanía de hoy un decidido valor estético de contraste.

Compárese si no la placidez espiritual que me suscita el vacío que se ha hecho en las estanterías de mi cuarto y el desasosiego alimenticio que me provocó en cambio la última película almodovariana en que yo me encontraba a altas horas de la madrugada con la ex suegra del tipo que me llevó a su casa para escuchar Héroes del Silencio durante dos horas (propósitos menos confesables que debieran cumplirse en ese espacio de tiempo no llegaron a término manque la cama deshecha, los cariños del treintañero divorciado, su borrachera considerable --la lata de cerveza en la mano, siempre diferente y siempre la misma, se acabó convirtiendo en icono incontestable del eterno retorno-- y su mirada embebida sin consuelo en el profundo compromiso con que yo entonaba las canciones: sepa el enanito cabezón que dirige mis películas, que contra sus previsibles argumentos (esta consabida política sexual que aqueja al siglo) ejerzo ahora el inconmovible lema de no mezclar humores con quien por la mañana no quiera acordarse de cómo huelo). ¿Y qué decir del aturdimiento que me invade cuando descubro que Guillén lee sus poemas con la vocecilla reumática de una ancianita adorable? Los alumnos se ríen en clase, eso sí, y por contraste (otra vez la razón estética) yo descubro que José Agustín Goytisolo llevaba el destino inscrito en la voz, y que ciertamente, aunque la noche me haya sido propicia y a la semana siguiente el interfecto haya rehuido mi mirada con el pestañeo azorado de una damisela decimonónica (ser testigo de la debilidad de un pequeño hombre herido hará que él te otorgue un perpetuo temor de Dios) no tenía ese venero agua lo suficientemente generosa como para no temer que al alba continuara la sed igual que siempre. (En la última novela de Luis G. Martín un hombre casado descubre que la mujer de la que se ha enamorado en el curso de unas semanas se ha enredado con él por causas totalmente ajenas al deseo: es una puta contratada por su esposa, celosa patológica, para demostrar que ella tiene motivos para sospechar de él. Pues bien: digamos que a mí siempre me toca ir con la puta.)

Esta vez, no obstante, no ha habido excesivo tiempo para lamentar largamente el escandaloso estado afectivo en que se encuentra el mundo; porque después de una tarde de melancólica meditación en Cernuda (siempre habrá de quedarme el gesto de entregarme a los “Poemas para un cuerpo”), las imágenes del sinsentido han venido sucediéndose con el más absoluto desparpajo: S. se paraliza ante el ordenador del despacho, sin atinar a escribir cualquier cosa que se parezca a una palabra (decididamente, la ansiedad debería reconocerse entre las enfermedades laborales del becario, si alguna vez al becario se le reconociera algo semejante); a alguien se le ocurre llevar al Senado a un catedrático en Psicopatología --que por sus declaraciones debe de ser de la escuela inveterada de Vallejo-Nájera, Santiago y cierra España-- para que insulte a una buena porción de ciudadanos y los devuelva a la pesadilla culpabilizadora de la educación nacional-católica; J. ha acabado, por lo visto, su enciclopedia universal del Derecho, y ha decidido recuperar el contacto con el mundo exterior a través de un e-mail en que exhorta a sus amigos a participar en la resolución de un enigma que a todos nos trae sin cuidado (y en el que precisamente por eso me enfrasco fervorosamente); el director del Barcelona Center for Educational Abroad me comunica que mi curso de septiembre se suspende porque no hay suficientes estadounidenses interesados en Cervantes (bien que hacen: que luego te dan una beca y acabas teniendo que dar clase a los norteamericanos); I. está saliendo de la brutal fase depresiva de lo que acabó por revelarse un trastorno bipolar, y ahora solo es feliz comiendo croasanes de chocolate (el placer siempre vuelve a través de las minucias); el segundo Rubén que me encuentro en mis andanzas nocturnas (cuando yo a quien debería encontrarme es a aquel por quien no tengo la osadía de pisar la biblioteca de Latín; claro que entonces me daba otro desasosiego gastronómico) me come la oreja con el rollo de Bukowsky durante el sueño de una noche del Raval (personajes de doliente consistencia y muñecas tronchadas incluidos), y yo lo perdono porque mientras U. y yo vamos cantando Calamaro por el carrer del Carme, él espera en la puerta de su casa hasta vernos pasar, y solo entonces entra. Pero lo cierto es que mis reticencias ante la artificiosidad del nihilismo urbanita de Bukowsky (del que al parecer también mi niño de las cejas largas es admirador) quedan confirmadas al escuchar posteriormente una historia de boca de mi progenitora: cuando mi madre tenía unos catorce años y vivía en ese intermedio sevillano entre el Raval y La Mina que en los 50 era el Cerro del Águila, cada noche se juntaba con su amiga Rosario para ir a cagar al canal. “Rosario, ¿vamos a cagar?” “Venga, vamos”: ¿tiene algo que hacer la prestigiosa desesperación alcohólico-sexual de los personajes de Bukowsky frente a la espontaneidad escatológica de esas dos adolescentes en un mundo sin sanitarios? Ay, no me extraña en absoluto que haya sido mi madre la que, con un magistral sentido de la armonización estética, haya resuelto la angustiante fragmentariedad de los sucesos viniendo a poner los libros en su sitio.

Empezar con buen pie

¿Qué importa que el resto de tíos que pueblan el ancho mundo no me hagan caso si mi jefe me deja sobre la mesa dedicatorias dignas de la más incendiaria historia amorosa?

Esta mañana llego al despacho y veo un sobre a mi nombre. Lo abro y encuentro la separata de un artículo que ha publicado mi director de tesis. Al frente del artículo, de su puño y letra --a pluma, faltaría más-- ha escrito lo siguiente: "Para Gemma, a la que tanto necesito".

¿No es eso una declaración en toda regla?
¡Y yo que creía que la vuelta al trabajo iba a ser horrible!

Excedentes

Excedentes

Seurat, Modelo de espaldas, 1887. París, Musée d'Orsay

Arnaldo Antunes: O meu amor é demais. Una pequeña variante y el enunciado se vuelve más preciso: O meu amor é de mais.

18 grados

18 grados

¡Primavera por fin!