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Se muestran los artículos pertenecientes al tema alrededores. Propuesta fiscala Yo tengo una propuesta de subida de impuestos muy interesante: a cada empresa que quiera hacer efectivo un ERE..., ¡zas!, impuestazo al canto. Iban a dejarse de hostias estos que siguen dándonos en la cabeza con su sartén por el mango. a Mis deposicionesPara constatar que el destino de esta sociedad es la descomposición y la alcantarilla, no hace falta leer la obra sociológica al uso ni atender al medio informativo de turno. Basta con percatarse de la denodada preocupación que de un tiempo a esta parte muestra el mundo publicitario por que todos caguemos bien. Supositorios emancipadores, enemas de bolsillo, yogures con compromiso, cereales socializadores, exóticos extractos vegetales...: Vespasiano, el Galdós de Torquemada y Sigmund Freud tendrían mucho que decir ante semejante obsesión anal. Solo quiero recordar al respecto aquel artefacto de Nicanor Parra en que aparece el burgués sentado en la taza y atravesado todo su tracto digestivo, de la boca al orto, por su propia frase autosatisfecha: "Yo no tengo ningún problema: yo como y cago perfectamente". RetóricosMiren cómo el director del cotarro tergiversa las intenciones y las vacía de todo contenido político para presentarlas como ínfulas personales de liderazgo. Miren cómo no puede soportar que los que conocen el tema de cerca se expliquen solos, y cómo se arroga retóricamente --este gran dechado de sobriedad expresiva-- la posesión del lenguaje comprensible para el espectador, al parecer idiota necesitado de mediación periodística: el 149.4 es demasiado técnico para el vulgo, que solo alcanza a entender verdades de Perogrullo. Miren cómo solo son legítimas las protestas cuando el lobo enseña el diente de la punta a la encía (según este caritativo mediador entre el incauto público y los actores sociales de aviesos propósitos, aquellos que están armando el plan Bolonia deben ser tan estúpidos como para explicitar sus verdaderas pretensiones en cada real decreto). Miren cómo la collares habla en neocon, y cómo cuando no quiere entender lo que le dicen reclama que le hablen en su lengua (que no es precisamente la catalana). En fin, todo esto me recuerda que Belén Gopegui y Pierre Bourdieu tienen todita la razón. A la musa rogando...![]() ... y con el mazo dando. Yo suscriboBelén Gopegui lo ha dicho más de una vez: en este país --me temo que en toda Europa-- la izquierda ya no existe, o cuando mucho ha quedado reducida al rincón oscuro de unas pocas mentes que la ocultan piadosamente y casi con vergüenza, como a un hijo ideológico deforme. Botones de muestra --una fábrica de botones entera-- ofrece el PSOE todos los días pese a sus gestos sociales, que aunque enarbolan la bandera de la tolerancia cuando se manifiesta el espantajo del espíritu santo, nada cambian en lo estructural (y es la estructura la que nos aprisiona: por una vez sí, ¡es la economía, idiota!). El PSC, en concreto y para hablar de lo que directamente me aqueja, ha conseguido en el Ayuntamiento de Barcelona un currículum que haría las delicias de cualquier neoliberal. El sueño urbano del último franquismo, convertir la Ciudad Condal en un centro de servicios para el ejecutivo medio europeo, ha tenido su realización a través de manos socialistas, que convenientemente lo han adaptado a los tiempos globales: Barcelona es ahora lugar de circulación idóneo para los movimientos inversores y el estucado arquitectónico al que ha sido sometida --el maquillaje de la puta-- tiene mucho que ver con la necesidad de amoldar la imagen urbana a ese papel y al gusto de sus protagonistas. Los pequeños talleres del Poble Nou, las plazas no urbanizadas (a las que les falte su correspondiente parking subterráneo), las cases de quart de la Barceloneta, son restos históricos demasiado asilvestrados para satisfacer estéticamente al hombre del maletín, incluida su versión turística en formato estudiante universitario de Management y futuro director de vaya usted a saber el qué. (Sobre el plan urbanístico para la Barceloneta, lo juro: una vez fui a cenar al Boliche del gordo Cabrera, y en diagonal a la mesa que yo ocupaba se sentaron dos tipos --del especimen jersey negro de cuello alto y cabellera a lo Garzón-- que no pararon de hablar sobre la ampliación de suelo construido que supondría eliminar las cases de quart y sobre el consiguiente aumento que entonces podría aplicarse a los correspondientes alquileres.) Parece que me voy por las ramas, como suelo; pero es que en cualquier novela naturalista hay que cuidar la ambientación y los antecedentes. De lo que yo quería hablar es de la ley de educación que nos está preparando Ernest Maragall, y del alarmante desprestigio que últimamente sufre cualquiera que convoque una huelga. Y sin embargo no es casualidad que me haya salido un parrafito como el de arriba: a los personajes hay que conocerlos en su medio, y si encima el medio ha sido creación directa de ellos, ni te digo. Sirva esa entrada como marco que explica muchas otras cosas, como por ejemplo, que no hay que esperar peras del olmo, o que de d'on no n'hi ha, no en raja. A ver si me explico: dudo que los que han propiciado la ruptura del tejido social en los barrios populares abriendo en ellos brechas por las que inyectar dosis de oxigenante clase media tengan intención alguna de darle vidilla a un sistema público de educación que se quiere --aunque lo consigue escasamente, dada la situación en que se encuentra-- uno de los motores de cohesión social en este país. Así que permítaseme que las Bases per a la Llei d'Educació de Catalunya me parezcan un documento sospechoso --cuando menos-- que extrañamente decide cambiar la gestión de los centros docentes y el sistema de incorporación del profesorado por considerar que son esos los factores responsables de la crisis educativa. Ninguna de las 4 leyes a las que los profesores han tenido que readaptarse en un período de 16 años (con la consiguiente carga burocrática: luego los acusan de inmovilismo) han sabido poner el dedo en la llaga verdadera: todas ellas han ido mareando la perdiz con una hora más de lengua o una hora menos de matemáticas; pero ni una ha querido devolverle al profesor el derecho a tener un criterio válido desde el que ejercer su profesión. Ese derecho se lo pasó por el forro la legión de pedagogos que al inicio de la reforma convenció a los docentes de que lo estaban haciendo muy mal, de que el constructivismo debía iluminar sus pasos por la senda de la educación, y de que los alumnos eran tan idiotas como para que el aprendizaje significativo --el único que ha existido en todos los tiempos, por mucho que la psicopedagogía pretenda arrogarse el invento-- tuviese que administrarse en porciones digeribles. Desde que los sacerdotes del constructivismo se apoderaran de la omniscencia divina sobre el funcionamiento del cerebro de los tiernos discentes, los profesores, a los que se acusaba de ser meros transmisores de datos, quedaron reducidos a ser meros propagadores de la doctrina. Y convertirlos en herramienta de las nuevas metodologías fue la excusa perfecta para que la Administración los ignorase olímpicamente; pues desde esa perspectiva no era ya que los centros careciesen de recursos económicos o humanos suficientes para llevar a cabo la reforma con éxito (si es que una reforma centrada en la desvalorización de los contenidos y del saber frente a la insistencia en el "aprender a aprender" puede tener éxito); sino que el problema estribaba en la incapacidad de los profesores para comprender y aplicar los nuevos métodos. Ninguna ley, repito, de las que han ido sucediéndose desde hace 16 años hasta ahora ha pretendido modificar las bases --tan cómodas para justificar la falta de subvención económica-- del desaguisado educativo. Ninguna ha atendido a las necesidades y las reclamaciones de los profesores. Y mucho menos la que se avecina, que abunda nuevamente en ese deslizamiento de responsabilidades al que me acabo de referir. Pero hete aquí que las Bases de l'Ernest afirman que entre los motivos endógenos de la crisis en educación se encuentra "l'assimilació deficient d'una legislació educativa ni ben entesa ni ben rebuda per part del cos docent". Solo por la desfachatez de esa frase el profesorado entero tendría que haberse echado a la calle. Aunque hay más: resulta que el "model organitzatiu escolar" es tan rígido y pasado de moda --decimonónico, ay--, "que no tradueix l'increment de recursos en resultats suficientment positius". ¡Incremento de recursos! ¡Incremento de recursos! Ay, por Dios, permítanme la carcajada histérica, incremento de recursos, pero qué risa. ¿Qué incremento de recursos? ¿El mismo que tendría que producirse en la universidad pública para que la difusión del tan cacareado método constructivista --en eso se está convirtiendo a efectos prácticos la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior-- no quedase reducida a la pura aplicación voluntariosa de unos cuantos parches por parte de un profesor que hace lo que puede porque no dispone de dos o tres ayudantes que le organicen las sesiones de debate o le hagan el seguimiento de los diarios de reflexión de los alumnos, desideratum de las nuevas metodologías? ¿Incremento de recursos? Se equivoca usted de incremento, mi querido Ernest: el que verdaderamente se ha producido aquí --como en cualquier empresa que se precie, pues todo en nuestros tiempos globales, escuela pública y multinacional, izquierda y derecha, acaba adquiriendo la misma tonalidad-- es el de las funciones del profesorado, que ha tenido que cargar en su fardo la responsabilidad por todo aquel recurso que no ha llegado desde la Administración. Y para que las formas no sigan disonando con el fondo, para que la práctica tenga su plasmación en la ley, la Administración viene a decir ahora que se ha cansado de pagar, y que en aras de la mayor autonomía de los centros, les concede el derecho y "la facultat de contractar els serveis necessaris i més adequats per als objectius que s'hagin marcat". O sea, que si necesitas un trabajador social o un psicopedagogo, te vas al gabinete del barrio y alquilas uno por horas, porque Ensenyament ya no está dispuesto a proporcionártelos. Para que semejante remodelación del sistema organizativo escolar surta efecto, las Bases prevén obviamente una "professionalització de les direccions dels centres", cuyo margen de decisión se estima ahora excesivamente constreñido por la estructura horizontal que funciona en la actualidad. Al parecer, para meter en cintura al profesorado no ha sido suficiente que Ensenyament presione a la dirección prometiendo recursos en proporción al número de aprobados --saltándose así cualquier consideración que vincule resultados académicos a desestructuración social-- y que a su vez la dirección presione al docente para que cambie sus calificaciones (en cualquier caso, si el suspenso es molesto, el claustro se encargará de ignorar la decisión del profesor y trocarlo en aprobado). No, al parecer eso no basta. El profesorado es turba difícil de domeñar --pese a la docilidad nunca lo suficientemente reprobable con que acogió la reforma--, y por tanto es necesario verticalizar lo que la transición democratizó. De manera que las Bases abogan por una "funció directiva [...] amb unes condicions de treball pròpies i clarament diferenciades de la resta de personal docent", no sea que al director del centro se le ocurra que tiene algo en común con sus subordinados. No sea que comprenda en carne propia su problemática y secunde sus reivindicaciones. No sea que, como a aquel médico que fue destituido de la dirección del CAP del Raval, se le ocurra en algún momento actuar sindicalmente y no cual directivo de empresa. Si algo alarmante hay que añadir a todo esto, es que las estrategias y las maneras verbales de la socialdemocracia son ya idénticas a las del neoliberalismo: eufemismos aparentemente bienintencionados tras los que se esconden las prácticas reales. Vuelvo aquí a mi introducción urbanística, y hago una relación de ideas digna del aprendizaje significativo: si se traduce "plan de reforma y saneamiento de las viviendas de la Barceloneta" por la conversación que escuché en el Boliche del gordo Cabrera, se tendrá una aproximación de aquello por lo que se pueden traducir las "Bases per la Llei d'Educació de Catalunya". Y si se tiene en cuenta que antes de que salieran a la palestra las dichosas Bases, alguien se encargó previamente de aludir a su necesidad en los periódicos, se entenderá si algo huele a podrido o no en Dinamarca, y desde qué instancias se ha creado un estado de opinión que rechaza la protesta de los docentes. Lo que se ha venido a decir --padres y medios de comunicación-- es que los profesores son unos apoltronados con 3 meses de vacaciones y sueldo vitalicio que no quieren renunciar a unas condiciones laborales privilegiadas. Que la huelga no se ha hecho para reclamar cambios en la educación, sino para defender los salarios de los educadores. Que los profesores se creen los propietarios de la escuela pública. Que han ido a la huelga sin haber pensado siquiera en sentarse a negociar con el conseller (sí, claro, en eso estaba pensando l'Ernest). Que esta ha sido una huelga anti PSOE convocada a tales efectos en época electoral. Ante todo eso, me pregunto dos cosas. Una, en concreto: qué esperanza de ser escuchado debe de tener un sector social al que se le hace caso omiso desde hace más de 10 años, y por tanto, cuál se espera que sea su respuesta negociadora ante una ley que vuelve a silenciar los auténticos problemas. Y otra, más general: qué pasa en las mentes de los ciudadanos para que estos hayan comenzado a creer que el salario no es algo legítamamente defendible en una huelga. Qué es lo que está sucediendo para que, en lugar de reclamar para nosotros mismos unas condiciones laborales superiores a las que tenemos, reclamemos que los que sí las tienen renuncien a ellas. Y por qué no vale ya aquello de que la tierra para quien la trabaja. En fin, a mi marco inicial y aparentemente arbitrario me remito. Otra cosa es que los sindicatos --que también hablan en izquierda pero viven cada vez más en la derecha-- se hayan apoderado de la protesta porque se les puso la mosca tras la oreja cuando se dieron cuenta de que Ensenyament los había ignorado por completo. Sea. Pero esta huelga y muchas como esta debían de estar teniendo lugar desde hace ya 10 años.
Los siete locosa Ya me parecía a mí, medio vagamente, que lo de las células yihadistas era más cuestión de Roberto Arlt que conflicto de Huntington. Y mira por dónde. a Por sus foros los conoceréisNo quisiera pecar de alarmista; pero últimamente me aqueja la idea de que Europa, que hasta allá por el 42 no terminó de tener claro de parte de quién estaba, no barrió suficiente nazi después de la II, y que tras haber estado reprimiendo sus vergüenzas fascistoides durante décadas, ahora comienza a dar rienda suelta a sus verdaderos instintos. Quería leerme unos cuantos libros al respecto (microfascismos, y a la vez algo de escepticismo ante los escépticos: contradicciones de la posmodernidad, qué le vamos a hacer); pero en lugar de ello estoy llevando a cabo un trabajo de campo en el territorio del menos noble aunque más sufridamente revelador género de la noticia periodística. Desde que se produjeron los últimos altercados en Villiers-le-Bel (había que ver cómo las paredes de los bloques de pisos se convertían en los muros de una prisión vecinal lamida por el paso de los focos policiales) se han desgranado en la prensa una serie de noticias sobre inmigración que me han hecho caer del guindo: no es ya que aspectos nimios de nuestra existencia estén sometidos a diarias, sibilinas e invisibles represiones, no es ya que estemos en la era de lo que el bueno de Deleuze (arrodillémonos, ma non troppo) llamaba microfascismos, no; es que este país es un nido de racistas en el sentido más callejero del término. Y para seguir con géneros asilvestrados, en lugar de encargarle un estudio al CIS para corroborar lo que digo, no hay más que leer las opiniones de las que el personal hace su particular deposición en los foros que siguen a las susodichas noticias (milagros de la era digital: si el padre Feijoo tuvo que publicar 8 tomos de Teatro Crítico Universal para que salieran de sus escondrijos los figurones de la España reaccionaria, a nosotros nos ha bastado Internet para que los que hasta ahora acunaban un tímido brote xenófobo en lo más oculto de sus corazoncitos asomen sus cabezas con la más alegre deshinibición; pero ya estoy mezclando churras con merinas, de modo que sigo por donde iba). Pues eso: no hay más que echar un vistazo a los foros para llevarse las manos a la cabeza. Que vamos a acabar todos con el velo puesto y rezando en dirección a la Meca. Que hemos tolerado demasiado y ahora nos encontramos con las consecuencias. Que lo que hay que hacer es mandarlos a todos a su país antes de que aquí se implante un califato. Que si chusma que si hordas que si chupópteros: mis conciudadanos ya no se cortan. Lo confieso: he sido una ingenua. Yo creía que esto iba de fuerzas policiales y de grupitos melancólicos (los unos, los otros, aquí y allá). Pero no. Resulta que el lector de La Vanguardia o de El País ve un foro y se desinhibe. Claro, es la época del desparpajo ideológico: ahí está Sarkozy, sin ir más lejos, que ha optado por desacomplejarse políticamente, y que tras llamar gentuza a los que trata como tal, ha decidido cortarse el brazo por lo sano y liderar en Europa la nueva expulsión de los moriscos (es que Sarkozy, últimamente, solo piensa con los brunis, y cómo me río yo, ay, de on m'a dit que nos vies ne valent pas grande chose, qué gran satisfacción me produce, lo reconozco, que la cantautora asistente al concierto contra la ley de inmigración haya dejado de empolvarse la nariz con alternativos cosméticos de izquierda y que haya escuchado por fin la llamada de su vocación auténtica: de la sobria habitación que se asoma al patio de vecinos (cállate, por Dios, le dice el tipo de la velita, que no puedo pegar un ojo), al cochecito ante la alfombra roja, porque tú lo vales). Y cómo aplaudían los foreros las declaraciones de Sarkozy, que va a ser que sí, que es el nuevo intérprete de la voluntad europea toda, que es la boca por la que habla el alma del pueblo, y qué pueblo: desde el entusiasta que pondría a un tirador a intervalos de 50 metros en nuestras líneas de frontera, hasta el racionalista que argumenta sobre cupos y capacidad del recipiente patrio (como Duran, que diu que la gent no se'n va del seu país per ganes, sinò per gana, home de Déu, però que a Catalunya no hi cap tothom: lógica geométrica la del cartel de campaña de CiU). Por no hablar de las razones morales que nos asisten en esta lucha contra la hipocresía y la falsedad, que es que quienes califican de racista la ley de extranjería no son sino apóstoles del error --ay, mi Mauricia, Julia Kristeva no te hubiese inventado mejor--, y quienes se escandalizan de que el personal sea medido en kilos de mantequilla (de la que sobra y se tira para mantener precios altos), unos inocentones útiles, cuando no militantes del peor fariseísmo. Acabáramos. Pero si es que hasta de buenas intenciones está sembrado nuestro camino hacia el infierno. Para muestra, el botón con que La Vanguardia quiso limar las aristas del recelo tras la detención de los paquistaníes del Raval: que menos mal que el artículo estaba escrito con ánimo conciliador, porque si no hubiera creído que la comunidad paquistaní crece silenciosamente cual cáncer que nos corroe en la sombra... Vamos, que de vendedores de rosas han pasado ya a regentar el restaurante donde las ofrecían, y si nos descuidamos, pronto estarán dirigiendo nuestros bancos... Habráse visto. Y el forero medio, que lo entiende, asume la metáfora cancerígena: "Lo que está pasando es como un tumor maligno, si no se erradica acabará metastizando". No se preocupe usted, forero mío, que en quimioterapia andamos avanzadísimos, y si no léase las propuestas de sus conciudadanos: a la picota con todos, que los que no lo son seguro que simpatizan, sabotaje a los comercios paquistaníes --pero qué jartón de reír, por Dios, como si alguno de ellos hubiese comprado nunca en un supermercado paki-- y limpieza a fondo de la mugre medievaloide. Porque los racionales ilustrados tenemos que protegernos, sí. Solo que erramos el tiro. De eso hay que defenderse.
Todos putas![]() Hace frío a las ocho menos cuarto de la mañana, en la A-7. La luna está enorme, entera. Saliendo de Barcelona, tengo una tranquila (y eso la hace más hiriente) sensación de intemperie. Quiero decir, de desamparo: todos esos coches que ocupan el carril de entrada a la ciudad, durante kilómetros. Todos los que todavía a oscuras y con sueño, solos con su cansancio y el anodino delirio del tráfico, van a poner en funcionamiento el correspondiente engranaje. Todo esto chupa una ciudad como Barcelona: tanta vida en venta. Recuerdo a Marguerite Duras, aquellas páginas al final de Escribir: basta una lista con los nombres de todos los que durante veinte años han trabajado en una fábrica para entender las dimensiones del dolor y --quizá, si fuera posible, y con extrañeza-- la alegría. Recuerdo también a Léon Bloy: "Entonces pensaréis en el cementerio, situado en el otro extremo de la hermosa avenida de cipreses que parte de esta loquera". Y aquella ternura cegadora y ridícula con que lo decía Fernando Arrabal. De mayor...![]() a a a a a a a a a a ... yo quiero ser como este señor. Namoraíta estoy. París, II![]() Los nublados de París desde los puentes sobre el Sena, o cómo el crepúsculo no es inocente. Walter Benjamin decía que lo de Haussmann fue talento escénico, y uno piensa que debe de ser cierto cuando ve el Panteón (tachán tachán) alzarse al fondo de la calle Soufflot como si bajando por Boulevard Saint-Michel alguien corriese a mano derecha el telón que (des)cubre la maravilla civilizatoria. Después la tradición escenográfica tuvo otros grandes hallazgos, qué duda cabe: véase la torre desde el Palais de Chaillot, y ese arco tan rentable, de lejos o de cerca, que enmarca los Campos de Marte como si uno pudiera entrar en el mito por la puerta grande de la ingeniería (de la industria al cielo). Pero si hay algo que extasía verdaderamente los sentidos, y los engaña y los encanta y los envuelve en la belleza de un trompe l'oeil maestro, son los cielos de París cuando se nublan. Pensar en la maravilla natural es inmediato al contemplar esa seda grisácea que tamiza la luz y la traduce en todos los matices de un silencioso encono atmosférico. No obstante, uno se percata de su candor al divisarla desde el Pont Royal en dirección a Ile Saint-Louis y ver cómo ese tejido de agua y luminosidad pasa de la tersura brillante al revuelo nuboso para arrebatarse en tragedia oscura allí donde la mirada coincide con el punto de fuga del río. ¿Tengo que añadir que una de las transformaciones más radicales de Haussman supuso despejar la vista arrasando con el barrio medieval que se levantaba sobre Ile de la Cité? Los clásicosAl oír a este señor, he recordado a don Inocencio nadando al tiempo que sibilinamente guarda la ropa. Bien decía Ricardo Gullón que ciertos personajes de Doña Perfecta guardan en sus corazones la más acendrada tradición del reaccionarismo español:
A día de hoy, también nos piden que mostremos lo que tenemos en el corazón. Si Galdós levantara la cabeza, el pobre. Lo juroP.: --¿De dónde ha sacado esto? En el aeropuerto de Zurich, a propósito de un queso untable. Locos![]() Pieter Bruegel, el viejo. Greta, la loca, c. 1562 (detalle). Cazado al vuelo de un documental sobre mendicidad: --¿Tú quieres saber lo que es la calle? a ¡¡¡¡ ... !!!!--Barcelona vive demasiado preocupada por conservar intacto su alto nivel de calidad de vida. --Su comodidad mental, querrá decir. --Hace tiempo que he llegado a la conclusión de que Barcelona no participa como debiera de las incomodidades del siglo XXI. Y ello acabará perjudicándole. Lo que la burguesía y la menestralía supieron hacer en el tránsito del siglo XIX al XX --arriesgar, jugársela, verse las caras con una realidad social difícil e incluso violenta, construir nuevas dimensiones...-- me temo que no se está haciendo en el tránsito del siglo XX al XXI. No existe la misma ambición. Me sabe mal decirlo, pero esta es mi conclusión: tras haber conquistado una gran calidad de vida, Barcelona vive atenazada. Tiene miedo al riesgo y a la intemperie. De La Vanguardia (11-II-2007): Joan Clos, espíritu inquieto y transgresor, hecho a los inconvenientes y las incertidumbres de la vida aventurera, responde a las preguntas de Enric Juliana. (Las mañanas que bajo a trabajar desde Gracia paso por una Caixa en cuyo portal duerme invariablemente un bulto bajo una manta. No dentro, no en el cajero. A la intemperie, ciudadano constructor de nuevas dimensiones.) El guerrero del antifaz![]() a a Yo estaré ahí![]() Acabo de enterarme de que se está convocando por Internet una sentada en diferentes ciudades españolas (Barcelona, Madrid, Valencia, Salamanca...) para el 14 de mayo, con el objeto de reivindicar el derecho a una vivienda digna. En Barcelona es a las 17 h. en plaza Catalunya. El mensaje está corriendo por mail, pero se encuentra también en Indymedia, en Wikimedio (donde aparece la relación de ciudades y los lugares en que se producirá la cita) y en montones de blogs. Prensa: Telecinco, Granada Digital, Madridpress.com, La Voz de Galicia (un poner). Me pregunto si los medios se dignarán a darle a esto la cobertura obsesiva que le proporcionaron al botellón.
Santa ira![]() Laura Patricia Quintanilla Silva, Lanzallamas II, 1999 En el telediario de Antena3 de este mediodía, escucho al locutor referirse a los incendiarios de las manifestaciones francesas como "alborotadores". No me pondré quisquillosa con la ideología de la cadena; porque es una tendencia que ya he detectado en otros medios: la de reducir la tensión social a gamberrismo gratuito. Al parecer, la ley del gobierno francés no es una provocación violenta ni arbitraria. Claro, se sostiene sobre la razón económica (que los jovenzuelos manifestantes son incapaces de comprender). Eso al menos es lo que sugiere el director adjunto de La Vanguardia, en un articulito de pirómano donde derechos históricamente conquistados --no sin un precio-- aparecen como capricho de inadaptados a la coyuntura globalizada (además el señor se nos pone poético y pronuncia el nombre de Blade Runner en vano). No es que a mí me hagan gracia cosas como esta; pero considero que semejante perversión del discurso es tan agresiva como la quema de un contenedor. Y estrechar el embudo siempre por el mismo lado, no te digo. De La Vanguardia: "Botellón, también político "ALFREDO ABIÁN - 19/03/2006 Vino y res publica![]() Le decía este mediodía a mi hermana que los españoles estamos demostrando ser más postmodernos que los franceses: ellos se manifiestan para que el sistema sea racional; nosotros actuamos simplemente al margen del sistema. Si la empresa te acogota, ocupa la plaza pública y entrégate al furor báquico (creo que Bajtin estaría orgulloso de nosotros). Y no; no voy a hacer como The Times (que presenta ambas noticias, la de las manifestaciones francesas y la de los macrobotellones españoles una junto a la otra en su edición en papel) y aludir a la frasecita franquista que después se ha convertido en azote crítico de la caspa española. Porque ¿saben ustedes? Me parece muy bien. Todo lo que sobrepase con semejante desparpajo las políticas hiperordenadoras de este señor me parece fantástico (y puestos a evitar los obstáculos policiales, ¿por qué no hacerlo en el recinto del Fórum?: ah, señores, eso sería de una justicia poético irónica insuperable, y además los vecinos no tendrían motivo de queja). Soy enemiga de encuentros masivos (la Mercè, Navidad y Sant Jordi me desquician), y en cuanto al alcohol, digamos que a la segunda copa de vino ya estoy chisposita. Pero es que estaba pensando este mediodía que hace dos años, para celebrar mi cumple, Julia, Will y yo fuimos a un súper, compramos una botella de Penedès, nos sentamos en las escaleras de la iglesia que hay en la plaza de la Virreina y nos repartimos el vinito tan felizmente. Y he pensado que ese momento de dicha elemental ahora me costaría una multa. Y que comienzo a estar hasta los güevs de tanta tontería (otra vez poniéndome parriana). Así que me encanta el gesto tocanarices de esta desordenada, gamberroide e inmotivada ocupación del espacio público. Un día de estos me planto ante dos mossos con una botella de vino llena de agua, por aquello de joder (o si no: todos a la Rambla del Raval con una botella de Viladrau, ¡juas juas!). Farmacéuticas![]() Y seguimos con los médicos. Visita de mi padre al de cabecera para intento de adelantar fecha del TAC de mi madre. Comentarios diversos sobre la situación pésima de la sanidad. Una anécdota farmacéutica: un antibiótico que hasta ahora rondaba los 50 € ha bajado su precio a 18. El mismo antibiótico, distribuido para animales, no sube de los 5 €. Este país (II)![]() Visita a la traumatóloga para seguimiento de la sospechada hernia discal de mi madre. La traumatóloga es todavía residente. Hablamos de mi trabajo, de mis escasas posibilidades de supervivencia económica en el supuesto remoto de que me quedase en la facultad. Mi madre expresa su antiguo deseo de que la moi hubiese sido médico en lugar de filóloga. La traumatóloga se ríe y hace un comentario irónico sobre su nómina. Los médicos cobran a 4 € la hora de urgencias. Este país![]() Francisco de Goya, Gaspar Melchor de Jovellanos, 1798. Museo del Prado (detalle) Las bromas tendenciosas de la Cope Bono ordena el arresto domiciliario del general Mena y propondrá su cese El presidente del Supremo equipara hablar catalán en Cataluña con bailar sevillanas en Andalucía Anda que llevamos una antología de un tiempo a esta parte... Parece que vamos a tener que seguir entregados a la melancolía un siglo más. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...![]() Me hace mucha gracia que los informativos de Antena 3 hablen de "los violentos" . Y que se considere "vandalismo" a la II Revolución Francesa (la del 68 fue un chiste de clase alta). No se habla nunca de la violencia institucional. Nunca se considera que el silencio de las insituciones, la indiferencia ante el ciudadano (cuando no el más absoluto ultraje), alimentan una impotencia cuya acumulación progresiva tiene que acabar reventando por algún lado (lo primero que debería hacer todo político, tal y como está el actual patio económico, es aprender ese sencillo principio de la olla a presión). Decía Pierre Bourdieu que la ley de conservación de la violencia no perdona y que hacerle la vida insoportable al ciudadano (se refería al paro estructural, al descenso del poder adquisitivo, a los despidos, a la precariedad laboral, al racismo) siempre acababa teniendo consecuencias devastadoras: un mal programa de vivienda podía derivar, al cabo de 20 años, en graves alteraciones sociales. No se puede persuadir al ciudadano de sus derechos para después negárselos. No es posible educar a una sociedad en el convencimiento de su igualidad, su libertad y su fraternidad, para después someter a parte de ella al más flagrante agravio comparativo. Porque entonces los agraviados reaccionan tal y como han sido educados: orgullosamente encolerizados. A quién se le ocurre, teniendo además de por medio a un islamismo dispuesto a rentabilizar la ausencia del Estado. Y por cierto: que vaya tomando nota el Ayuntamiento de Barcelona. Cuando en una de las sociedades europeas más atentas al problema social ha tenido lugar semejante estallido, no quiero imaginar lo que puede ocurrir de aquí a 20 años en un país donde el estado de bienestar no ha pasado de ser una promesa actualmente en franco decaimiento.
Violencia inmobiliariaA Salvador Miralles Albesa han querido asesinarlo por haber impedido la recalificación de 15.000 m2 en Torroelles de Foix. El sector de la construcción ya no se anda con chiquitas: ha pasado de un mobbing inmobiliario que no deja huellas (no huellas legalmente punibles, por lo menos) al matonismo de encargo. Y se comprende: lo que hay en juego no es poco. Barcelona entera es actualmente la presa de un plan económico destinado a convertirla en centro de inversión de capitales, plan que hace de la burbuja inmobiliaria un medio excelente de presión contra todos aquellos grupos de ciudadanos que no encajan en la nueva imagen de la urbe o en los nuevos medios de producción económica. Para venderse más y mejor, hay que lavarse la cara, barrer las calles y montar el escenario. Y a los que no son director de escena no les queda más remedio que cumplir con el papel asignado, sea de anciano acosado por la empresa de turno que quiere comprar la finca donde es el único vecino que todavía no ha vendido, sea de joven mileurista con la independencia hipotecada, sea de víctima de la Cosa Nostra. Después van por ahí endilgándonos el discurso del civismo. Como dice Julia: que los pisos estén por las nubes y los sueldos en la alcantarilla es cívico de cagarse (perdonen ustedes que me ponga parriana, pero es que cuando me doy tal dosis de realidad, me da por hablar de la mierda). Yo, por eso, suscribo todo lo que dice este documentito, aunque todavía no ande más que en pañales. BarcelonaTenía que ser Manuel Delgado quien contestara así (el original aparecía en El País) a la histeria civilizadora de Bohigas y Azúa (por cierto, y atendiendo al artículo que puede leerse en los bajos de Indymedia, también publicado originariamente en El País: que la cabra siempre tira al monte, ay, para desengaño de tiernas modistillas desprevenidas). Y siguiendo con los motivos para el descontento social, después de leer esto ya no sé si abandonarme al desaliento o felicitarme porque hayamos conseguido tal nivel de democracia entre sectores profesionales. Promiscuidad de los hechos Vuelva usted de vacaciones para enterarse de esto y de esto. Por suerte también he descubierto una web preciosa y he disfrutado cual criatura de tres años con la última maravilla de Tim Burton.Plaça Reial Recuerdo aquella historia de Amores perros en que una modelo se desquicia a causa del ruido provocado por lo que ella supone una invasión de ratas bajo el parquet de su nuevo apartamento. También recuerdo la asociación inmediata de Julia: los desharrapados reproduciéndose bajo los cimientos de la ciudad construida por el dinero (o versión mejicana de Metropolis).Parece ser que al señor Bohigas le está ocurriendo algo semejante. Manifiestos y dolce far niente Christopher Rossi, MartiniAcabáramos. Ya me olía yo que lo del dichoso manifiesto no pasaba de ser una pataleta de intelectuales, simple cuestión de mantener entretenida a la familia: los enfants terribles de la elite catalana épatant a sus correctos padres políticos. Y claro, hay que darles las gracias por querer representarnos, por tomar a su cargo la misión de darnos la voz que no tenemos (por lo visto, los ex-novísimos que primero la denostaron, andan nostálgicos de los tiempos de la poesía social). O eso es por lo menos lo que se desprende de lo que escribe hoy Arcadi Espada --uno de los firmantes del Manifiesto-- en su blog. Qué dulce, ¿no?, debe de ser apurar un Dry Martini una hermosa tarde del recién estrenado verano, mientras en el trastero mental se juguetea con la ocurrencia de impulsar la creación de un partido político. Els altres andalusos La complejidad del júbiloMira que a mí no me gustó en absoluto la propuesta de Peter Sloterdijk en Normas para el parque humano; pero cuando lleva la razón hay que reconocérselo: una jovialidad no tomada a la ligera. Pues eso. Cacerolazos Me contaba una amiga hace poco más de un año cómo su novio argentino le decía que, antes de producirse en Argentina la devacle económica, los acontecimientos seguían un curso parecido al de aquí: progresiva pérdida de la capacidad adquisitiva de la clase media, endeudamiento cada vez mayor de las familias, vivienda por las nubes y mamoneo empresarial (de este mismo protestaba la novia de otra amiga mía, al preguntarse para qué narices había salido de Argentina si aquí se encontraba con la misma picaresca contractual). Ayer mismo, Sonia afirmaba que esto iba a petar un día por alguna parte, que el estrechamiento del embudo iba a acabar desembocando en una situación insostenible. Yo no sé si tendremos o no estallido; el caso es que me recorre un ligero escalofrío al leer cosas como esta. Después me entra una melancolía del tipo así.En fin, no sé si largarme a repoblar un rincón en los Pirineos, la verdad. ViviendaLo que nos faltaba: ahora, también, la soledad socialmente programada. No estaba muertoVaya vaya con el señor Paesa... Si resulta que estaba bebiendo caña... Joer, con 300 millones de las antiguas cucas, yo también hago bromas de esta clase (aunque sin mafia rusa, gracias). Antonio Rubio, El muerto está vivo Arrieritos somos... Juan Rulfo, ArrierosEn el último disco de Calamaro, ya domesticado el furor creativo que lo poseyera en El Salmón, mi tierno canallita argentino versiona El arriero de Atahualpa Yupanqui con la dulzura maestra que corresponde a ese personaje --a veces épico, a veces resignadamente humano-- del que día y noche se halla en el camino. Hecho el retrato del tal, hay un momento del estribillo en que la canción dice (pero hay que escucharla para que en la música y en la voz tome cuerpo de veras todo lo que las palabras quieren decir): Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas. Esos cuatro versos encierran el manifiesto social más breve y complejo que conozco. Andrés Calamaro |
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