El guerrero del antifaz

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Mira que he tenido que oír sandeces este mes (además de asistir atónita a ese obsceno baile sobre las tumbas que se está llevando a cabo en nombre de la tesis del golpe de Estado); pero desde luego la del ocurrente doméstico de Murdoch se lleva la palma. Azorín vino a decir una vez que, siguiendo una ley de equilibrio universal, las mentes sanas de un país no se entendían sin la existencia, complementaria e indispensable, de las anómalas. De lo cual se derivaba indefectiblemente que no habría habido Góngora sin el enano don Sebastián de Morra. Pues eso.
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