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Se muestran los artículos pertenecientes al tema en las grietas. TeatrilloNoche. Se encuentran un hombre y una mujer en torno a un bidón, bajo una luz escasa. Frente a ellos, en el lugar de la cuarta pared, representa haber una hoguera encendida. Ella: —¿Lo has traído? Ciudadanos y ciudadanosa La Negraaunque sea ceniza Rubianes - El trabajo dignificaaunque sea ceniza... Mientras dormía![]() Remedios Varo, Hacia la torre, 1960 (fragmento). Sueño que hemos ido de excursión, mi familia y yo, a algún pueblo catalán. A la vuelta, hay cierta prisa por llegar a casa, porque mi hermana tiene que estar a tiempo en algún lugar. Mi padre decide ir por una carretera que nunca antes ha transitado; pero que supuestamente lleva a la autopista correcta. Recuerdo la curva: pronunciada, hacia la izquierda y hacia arriba, de manera que no se ve tramo de carretera más allá de unos pocos metros. Recuerdo también cierto temor a que el coche se salga de madre mientras estamos girando. Al cabo de un breve recorrido, debemos detenernos: la carretera acaba en unas escaleras que descienden a un patio empedrado. Bajamos. Entre eucaliptus y mimosas se alza una casa de barro ocre muy claro. Es alta, ancha, no tiene aristas. Viene a ser una síntesis entre la Pedrera (aunque más sobria) y las casas de Ait Benhaddou (aunque más clara). O también como uno de esos potes de miel Trapa con dosificador, pero puesto bocarriba. Tiene las ventanas, meros huecos cuadrados abiertos en la pared, distribuidas irregularmente por la fachada. Se trata, por lo visto --de pronto llevo un folleto en la mano--, de un monasterio vagamente relacionado con el budismo o el hinduismo, lugar de visita recomendada por su valor cultural y estético. De modo que --inexplicablemente-- la prisa primera ya no existe, y nos quedamos a verlo. Ya de noche, ha surgido un patio a mano izquierda del edificio. Está levemente iluminado por multitud de candelitas. Al otro lado de la tapia --no muy alta-- que rodea el recinto, en el costado opuesto a la pared del monasterio, se ven las paredes ciegas de algunos bloques de pisos, levantados sobre una elevación del terreno: el conjunto recuerda al de un solar barcelonés del Raval en el que una vez asistí a un festival de cortometrajes al aire libre. Pero lo que aquí hay es un montón de cajas de anillos gigantescas (más o menos así, o quizá más redonditas), de color burdeos, y en cada caja --como la perla en la ostra-- un monje (son más bien niños) que medita o que duerme o que lee. De vez en cuando, algún monje sale de su caja-ostra, da un corto paseo y vuelve a ella. Algún otro, que viene del convento o de entre las mimosas, entra en el patio y ocupa su correspondiente caja. Sin solución de continuidad, estamos dentro del monasterio, un interior semejante al de Santa Sofía, aunque más sombrío y sin mucha elaboración arquitectónica o decorativa. El trabajo arquitectónico más importante allí es el de la penumbra. Al fondo vemos una cuna igual a la que yo tuve de pequeña. Está vacía --las sábanas removidas--; pero al pie están acostados unos doce bebés pequeñísimos, envueltos en paños blancos, un poco sucios. Alguno se remueve, alguno sale de entre sus trapos como si fuese una oruguita. Alguno tiene pelo de rata, y se parece un poco al Firmin de Krahn. GrafitiEn la estación de metro de Sagrera, línea 1, hay uno de esos carteles electorales en los que CiU reflexiona sobre el cupo del recipiente patrio. Como ya es sabido, bajo la foto de un firme a la par que meditativo Duran i Lleida, aparece el siguiente lema: "La gent no se'n va del seu país per ganes, sinó per gana. Però a Catalunya no hi cap tothom". Y sobras tú, ha añadido con spray alguna de esas almas caritativas que todavía son capaces de practicar actos de resarcimiento colectivo. Semilla del tiempo![]() Modest Cuixart, Aonia, 1994. Había escuchado ya antes La leyenda del tiempo, porque mi niña J. --modistilla que a la sazón iba por la vida escandalizando a ingleses acartonados-- me prestó el CD allá por el inicio de este milenio. He de confesar que en aquella época el oído no me dio más que para que se me pegase lo de nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño. Este domingo, sin embargo, reparo en la voz de Camarón, que en realidad no es la voz de Camarón, sino un cúmulo de tiempo antiguo y oscuro que brota de su cuerpo. No sé si será alucinación acústica --pues todo es posible en el sopor de una tarde de domingo--; pero lo que sucede con la Nana del caballo grande es cosa de sortilegio (como el que experimenta el deán de Santiago a manos del mago Illán, o el que suspende al abad Virila en medio del bosque durante 300 años, o aun el del tiempo recobrado de Marcel). Porque de pronto lo que ahí canta es un eco que viene de muy lejos y trae consigo el sedimento de voces y rostros anteriores. Lorca decía que el duende es la capacidad de traer a superficie todo aquello --hombres y caminos y dolores y paisajes y derivas y raíces y planetas-- que se encuentra enterrado en la mina negra de los siglos. O algo así. Y eso es lo que hace la Nana, que como el agua detenida al pie del puente, no se sabe muy bien lo que lleva porque es capaz de llevarlo todo. Hay una larga, larga noche en la voz de Camarón. Turistas en la niebla El sábado por la noche vamos a celebrar el cumpleaños de L. (médium convocante del júbilo y la risa). Al salir de un bar en el Borne, Barcelona aparece esfumada en el cendal de una finísima niebla. Dos extranjeros preguntan a P. sobre la situación de un local. Por lo visto, el flyer del bareto en cuestión contiene un pequeño plano de la zona; pero no indica con flechita alguna la posición concreta del garito, y tampoco aparece el nombre de la calle donde se supone que está ubicado. De pronto imagino una conspiración perversa motivada por una (po)ética antiguiri y dirigida a mantener a los turistas vagando por la ciudad, en busca de un bar de copas perdido entre la neblina. Tiempo recobradoEn una noche de cumpleaños y reencuentros, J. me dice que al acordarse de mí siempre se le viene a la cabeza que él aprobó sintaxis gracias a mi ayuda (y la de J. payasa). Yo no recuerdo siquiera uno de los momentos que supuestamente dediqué a explicarle la teoría generativista del predicativo; por lo que me maravilla encontrar algo mío atesorado en la memoria de otro. Por eso lo recojo aquí: no ya para evitar el extravío --pues nunca estuvo perdido, sino en manos amigas--; más bien para celebrar el modo en que J. me cuidó ese yo durante siete años y me lo devolvió tan crecido de su propia vida. Ya![]() El primero de los 79. Glenna Me dice M. que Glenn Gould hace aletear una mano mientras toca con la otra. Como si la mano fuese la melodía y pudiera contemplarla a la altura de los ojos. a Lo realEse espacio al que en virtud de las brillantes fantasías no se le otorga mirada suficiente, y que sin embargo contiene con paciencia una luz que no nos expulsa y que permite existir todo aquello --lo único-- que tenemos, ofrecido silenciosamente en su más honda pobreza: la de lo frágil y lo escaso, que son atributos de lo maravilloso. Como un sueño tranquiloG.: --¿De quién es esa música? Afuera el patio respira en calma, como si los tejados y las ventanas iluminadas hubiesen llegado a un acuerdo. Salamanca![]() Al llegar al hostal, el recepcionista les propone cambiar el cuarto inicialmente reservado por otro más lejano a la puerta y a los consiguientes jaleos. Cuando suben a la nueva habitación, se encuentran con dos camas. Las unen; pero la juntura entre ambos colchones viene a ser para los cuerpos como la espada entre los de Tristán e Isolda. La reina de las nievesGerda se despierta de madrugada; ha sentido frío. Echa mano de la manta que por si acaso descansa junto a la cama, en una banqueta. La despliega y la extiende sobre su mitad. Entonces Kay también despierta. Se le pega al cuerpo, cruza un brazo más allá de su cintura, cubre sus caderas con un muslo. Hay momentos así, en que el invierno cesa. Ayer![]() Es temprano por la mañana. Camino hacia el trabajo. Vuelvo la cara un momento hacia la claridad convocada al fondo de una avenida, sobre la riada del tráfico. Para qué luz mi corazón entonces. Ser solo así![]() a a a a Tan simplemente. Ja ja jaL. me hace una sesión de acupuntura, Las discontinuidades espacio-tiempo, Festejos![]() Profeso, con fervor, el absurdo. Al carajo con el nihilismo. Mínima y frágilmente. Rituales de aparición![]() a Afasiaa Darío Villanueva y José María Viña Liste, De la crítica literaria aplicada a la experiencia amorosa. Así ensoñada![]() Picasso, El sueño. 1932. Colección de Mr y Mrs Victor W. Ganz. Nueva York. L.: --Pero a ver, descríbelo; ponle adjetivos, adverbios. (Siempre quise saber qué murmullo manso y encantado se deslizaba tras los ojos de esta durmiente. Hoy sé que ninguno más dulce que bajo los míos si los cierro y me acuerdo del martes cuando empezaba a ser miércoles.)
۲ ﻣﺭﺗﻦ![]() Marc Chagall, El paseo. 1917. State Russian Museum. San Petersburgo. Córdoba![]() aaaaaaaaaaa aaaaaaaa a aaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaa aaaaaaaaa aaaaaaa aaaaaaaaaaaa Íntimo bosque de piedra, el alma a la sombra de su ensueño recóndito. He aquí cómo se construye el aire, cómo confiar al regazo penumbroso de la luz la imagen del corazón que tiembla. Mis pies![]() a Se los ve tan seguros sobre el suelo, que habrá que seguirlos a donde vayan. a Viaje al origen Todo comenzó tras esa puerta. No en el Esperón ni en el paseo de Alcalá ni en la casa de 3 pisos —oh prodigio de ladrillo que el dinero trajo— de la tía Santos; sino camino de la Salá, bajo el techo de los don nadie (el último toque de la bandurria, según inspirada metáfora musical), al fondo del callejón sin salida que desde este caluroso agosto postmoderno sube con arabesco de laberinto musulmán hasta el lugar recóndito en que mi vida pulsa su comienzo incesantemente. Tras esa puerta roída por más de 90 años hay un montón de cascotes entre los que las ratas corren, y hay una mujer que enciende un quinqué porque la noche ya cae sobre el trabajo del fragüero. Tras esa puerta están la ruina del tiempo y el corral donde juega mi tío con cuatro piedras. Está la niña cursi a la que la familia no permite casarse con el hombre más guapo de Alcalá de los Gazules —esa tez en la que se intuyen todos los lugares del deseo, esa mirada donde se mece el turbio océano que también ondula en los ojos de los alcalaínos durante este caluroso agosto, ese inconveniente de pertenecer a la estirpe de los chulos (el último toque de la bandurria, ah las creaciones de la lengua popular)—; pero que al final se casa con él (el otro novio bajó una mañana del cementerio brioso y pletórico de fusilamientos: María, vengo de sangre hasta aquí), y vive en el cuchitril de un suburbio sevillano donde cría a mi madre y a mi tío mientras teje el mito de su perdida riqueza y sueña con un piso en propiedad. Tras esa puerta está mi hermana poniendo en órbita la vida, está la histeria posthippie de mi vecina, está el pozo con roldana del que inagotablemente brota la generosidad de N. Está mi cama y está tú habitación y un taxi en la Meridiana. Está el paisaje de luz rotunda que en el sencillo horizonte de cada dehesa alumbra un relato de mi abuela. Está el hermano borracho de mi abuelo rodando por las calles del pueblo. Está la modistilla sevillana que conoce a un hombre por correspondencia y se casa con él en Barcelona. Está el despacho universitario donde su hija escribe un post medio clandestinamente. Está la calamitosa vida sentimental de esa hija, y este cielo que le madura las lágrimas, y el deseo que acaricia con morosidad el cuerpo insignificante de unas pocas anécdotas (M. me mira de reojo con una dulce desconfianza: mientras lía un cigarrillo busca el motivo con que traerme de vuelta a la conversación de la que me he exiliado recién acabada la cena). Está el interno de 8 años que agarra con temor prehistórico el teléfono, trastornador endiablado de tiempo y espacio que trae hasta él la voz de sus padres (de mayor quiere ser administrativo, conocer por carta a su mujer y crear con ella un monumento al absurdo en cada una de las broncas que levantan al dios de la nimiedad: mucho, mucho ruido). Está una mujer que sale a buscar el pan en alpargatas (la de Salvaorillo el chulo, lo más bajo de Alcalá, el último toque de la bandurria). Está el pulso del tiempo desparramándose de aquí a 1000 kilómetros de distancia. Están las vigas caídas. No traspaso la puerta. No quiero que las imágenes huyan en desbandada. Versus nihil![]() aaa Pero, ¿cuáles ojos humanos
Poética IIMe gustan las cosas breves e intensas, como la taza de café que me tomo con mi madre todos los mediodías. Las semillas y los virus son pequeños, pero pueden provocar contagios de extensión incalculable. Así también las palabras. (E. D. dixit.)
Poéticay ahora sé por qué la brevedad Vive la France!(El neoliberalismo, no obstante, considera que la victoria de los derechos sociales es producto de la decadencia europea... Ah, pero qué poetas, qué hermosa perversión del lenguaje.) A veces La piscina. La luz del sol en las duchas a la una de la tarde. Esa luz que viene de otro lugar y de otro tiempo. Ella y las baldosas blancas, el agua caliente. Estar en ninguna parte, bajo esa luz, ser otra. Ser ajena, en esa claridad intacta, a cualquier miedo propio, a cualquier desvelo. Solo esa paciencia de la luz que blanquea en las baldosas. Solo eso. Y otra.Què hi ha dins les closes flors nocturnes?![]() Lo que me ha traído la subida de temperaturas. ¿Maldita sea, cómo era aquel poema de Laura Pozzi? ![]() M. C. Escher, Prickly Flower, 1936 de vilanos levantado
D. Caspar David Friedrich, Mar de hielo, 1824. Kunsthalle, Hamburg (detalle). Hace 6 años (Dios santo, 1999, no puedo ni creer que entonces yo existiera) apunté en un diario unas palabras de la Julia de Ana Mª Moix: "Se preguntaba una y mil veces por qué había de sufrir por algo tan sencillo, tan fácil para los otros". Esta mañana he estado haciendo todas esas cosas minúsculas que entonces eran igual de nimias, pero que la desposesión (ah Emily Dickinson) hacía tan valiosas: ducharme, freír bacon, tomar prestadas unas películas, cantar, mirar la vista sobre la Meridiana después de haber pasado la noche con D. He recordado a la Moix, y quizá también a Manolo García: "y ahora sopla el viento, cuando el mar quedó lejos hace tiempo; cuando no tengo barca, remos ni guitarra". La verdad es que estoy exhausta de realidad, y a veces no acabo de saber bien dónde tengo los pies, dónde se encuentra mi júbilo, si es que no vive ya demasiado lejos de mí. Tiempo, tiempo, un poco de tiempo para aligerarme de todos los pesos, para que pase el frío, para que crezca algo en tierra asolada. (Si D. sigue siendo tan lindo, si sigue poniendo películas en mi mochila sin que yo lo sepa, algo podrá hacerse.) Guiño
A mi lector invisible, del que nada sé (o quizá sí). Para que el frío de Düsseldorf le sea leve.
Pájaro en flor![]() Testimoniar, todos los inviernos, los delicados milagros del frío. Klimt![]() Gustav Klimt, Rosal bajo los árboles, 1905 (detalle)
O la pintura como florecimiento del color en el lienzo.
Atacama![]() El desierto de Atacama, en Chile, es uno de los lugares más áridos del planeta. Cada cuatro o cinco años, sin embargo, puede darse la casualidad de que caigan unos cuantos milímetros de agua por metro cuadrado, y entonces el desierto se cubre de un manto de flores en pocos días. Nunca se sabe bajo qué tierra agostada están esperando las semillas. Las malas lenguas Santiago Auserón en el Grec(Agencia EFE)Oh Dios, nunca me siento tan feliz como cuando el cuerpo se me llena de música. ¿Cuánto corazón es necesario arriesgar en lo que uno hace como para conseguir que la carne de un desconocido que escucha alcance esa felicidad sin fallo, esa felicidad sin fisura, esa felicidad absoluta, esa felicidad imperiosa y primitiva que no tiene agujero negro por donde llegue el desencanto? Oh Dios, ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar separarán jamas mi alma del alma de Annabel Lee. Y la voz de Sheilah Cuffy como un hondo viaje a mis más oscuras minas. Mientras no amaneceSueño que abro la persiana y que a causa del último riego las plantas han florecido, y entre los Zygocactus y las Impatiens han crecido la salvia y las campánulas y otros muchos colores que yo no tenía sembrados. Además el niño por el que no tengo la osadía de pisar la biblioteca de Latín pasea conmigo --charlamos-- y abre un enorme paraguas de lona cruda. Yo abro el mío --charlamos, plano picado de los dos paraguas-- y bailo, la la la. Apariciones Durante nuestra excursión por Gerona entramos en una joyería donde de pronto en un rincón se me aparece, de barro, agua y pétalos, un fragmento de La señora Dalloway.“Pero Sally recogía malvarrosas, dalias --todo tipo de flores que jamás se habían visto juntas--, les cortaba el tallo y las ponía en cuencos llenos de agua para que nadaran. Al entrar a cenar, en el momento de la puesta de sol, el efecto era extraordinario.” Agradecimientos Koldo Badillo ©, CieloClaudio Rodríguez: Vale dinero respirar el aire, / alzar los ojos... A Blogia por quitar los cuadritos intrusos de la semana pasada. A Noemí por ordenarme la lista de verdaderas prioridades. A Guillén por ocupar mis jornadas laborales durante las últimas dos semanas. A Luisa por reaparecer con mi cuento. A los Cyclamen por seguir florecidos. Y a Gurb, siempre, siempre, por su simple y luminosa existencia. Autovigilancia He soñado esta noche que estaba tumbada sobre la cama, en la oscuridad, despierta. El lado derecho de mi cara se plegaba hacia el izquierdo, y sobrevolándolo miraba al ojo de ese lado. Era de un verde transparente, y guardaba dentro una especie de mundo, como si corriera un agua suave por debajo de su córnea, como si esta fuese la cristalera por donde se adivinaba un fondo submarino.Silencio Edward Hopper, Room in Brooklyn, 1932. Fragmento.Cómo llega uno a pintar lo sencillo, lo callado, lo sumido en su soledad, en el momento inminente de revelar un secreto. Pequeñeces Por fin ha florecido el Zygocactus: he estado esperando semanas para poder ver este pájaro siempre a punto de levantar el vuelo.Con Luisa Como el barón de Munchausen al caer con su caballo en las arenas movedizas, tiro de mi propia coleta para salir del paso (créeme, Julia: es el mejor procedimiento, y el único, además). Entonces sucede que viene Luisa a verme y nos quedamos dos horas delante de El viaje de Chihiro. Porque Luisa quiere poco menos que yo le escriba un cuento para niños. ¡Un cuento para niños! ¡Pero si yo jamás he escrito para niños! ¡Pero si eso es dificilísimo! Esta mujer no sabe lo que se dice, pienso yo; pero como lo afirma todo con una seguridad mansa y por eso mismo inquebrantable, le digo que sí, que vale, que yo le escribiré el cuento que ella quiere ilustrar. Y como necesitamos un hilo del que ir tirando para encontrarnos con las imágenes de nuestra historia, comenzamos a devanar una madeja de recuerdos, obsesiones y deseos irresueltos. Es así como Luisa consigue remover mis aguas estancadas y hacer que de ellas salgan los antiguos dibujos, mi foto con dos años (cómo explicar que partió un barco de mí llevándome), aquel libro rojo que deseché y que ella rescata llevándoselo a su casa, los actos libres de la que yo solía llamar "mi pequeña bruja", e incluso esa fijación que tengo con la más hermosa de las metáforas del corazón que yo haya visto nunca en una película (aquel cuenco roto y grapado que Zhang Yimou coloca como una pequeña y límpida revelación en El camino a casa). Todo eso lo saca Luisa a flote, y así resulta que después de tanto tiempo sin reconocerme en la alegría suficiente de la foto, vuelvo por una noche a sentir que sí soy yo, que en el círculo que dibujan la chiquilla y el azogue estoy yo en la superficie reflejada al cabo de 26 años, y que ella sonríe porque me ve aquí, ciertamente menoscabada por los trabajos y los días, pero resuelta a no defraudar aquel sueño de sí misma que la niña auguraba más allá del espejo.Dónde resiste la vida Ada Sacchi, cárcel de Caseros (Argentina)"Bajo Brezhnev --que no era lo peor, era grave pero no era Stalin-- había una joven rusa en una universidad, especialista en literatura romántica inglesa. La metieron en un calabozo, sin luz, sin papel ni lápiz, a causa de una delación idiota y completamente falsa, ni falta hace aclararlo. Conocía de memoria el Don Juan de Byron (treinta mil versos, o más). En la oscuridad lo tradujo mentalmente en rimas rusas. Sale de la prisión habiendo perdido la vista, dicta la traducción a una amiga y ésa es ahora la gran traducción rusa de Byron. "Ante ello, me digo varias cosas. En primer lugar, que la mente humana es totalmente indestructible. "En segundo lugar, que la poesía puede salvar al hombre. Hasta en lo imposible. "En tercer lugar, que una traducción, incluso con la imperfección humana, traduce lo que traduce, lo cual es otra manera de decir que hay una relación entre lenguaje y realidad. "Y en cuarto lugar, me digo que debemos ser muy felices." George Steiner en diálogo con Antoine Spire, La barbarie de la ignorancia, Madrid, Taller de Mario Muchnik, 1999, pp. 118-119. Los de mi estirpe Oh dioses, que los cielos se abran sobre mi cabeza y toquen las fanfarrias y de entre las nubes baje una voz que diga "esta es mi hija muy querida y sobre ella derramo todas mis bendiciones"; nada más que porque ayer, al llegar a la facultad, junto a la puerta de Filología Hispánica, alguien había colgado un DIN-A4 más o menos violáceo con un poema lorquiano y el siguiente encabezamiento en letras mayúsculas: "PARA ANA". Tan solo ver semejante prueba de desesperación amorosa adherida a las venerables piedras del lugar donde trabajo --y habiendo estado el día anterior (mira qué casualidad: la vida siempre me hace estas cosas) revisando una de aquellas cartas en las que acostumbraba a practicar el suicidio moral con maestría implacable--, nada más verlo, digo, se me puso una pequeña lucecita en los labios que fue iluminándome el camino hasta el despacho: ¡pero si resulta que existe más gente arrebatada por las mismas locuras a las que yo me entrego! Ah, pero además el tipo --o la tipa: justo ahora se me ocurre que también podía ser una enamorada-- había trabajado a lo grande. Nada de un poemita a la puerta de la facultad; no, no: subía una las escaleras al primer piso, y encontraba otro Lorca; iba una a la biblioteca de Hispánicas y se encontraba un Salinas... Ante tal floración de poesía amorosa en las paredes de la Universidad, ¿cómo no iba a sentirme crecientemente afirmada, corroborada, legitimada? Yo estaré loca, quién va a negarlo ya a estas alturas. ¡Pero no sola! Lo que el agua dice Bubión es un pueblo de la Alpujarra colgado a 1300 metros sobre el resto de la existencia. El cielo allí está en permanente estado de evaporación, y a lo lejos todo se ve tras un cendal que desdibuja el mundo. Quizá es por ese motivo, porque se halla ajena a todo lo que no es su propia vida, porque permanece ensimismada en el empinado laberinto cubista de sus calles, que la realidad en Bubión se basta y se sobra para llenar los días. Y sí: yo podría quedarme en ese pueblo la vida entera contemplando cómo florece el color en los pétalos de un geranio. Mi hermana dice que el problema en un lugar así es qué hacer si te da un infarto; pero yo digo que en Bubión eso es sencillamente imposible (puede uno morir de un testarazo al resbalar con el pavimento; pero de infarto, fijo que no).El agua de la sierra mana a la vuelta de todas las esquinas, y por la noche, cuando ya no se oyen los pájaros ni la gente se detiene a hablar bajo los balcones, si uno cierra los ojos y pone atención, puede escuchar el borboteo de las fuentes. Es así, a ciegas y con los oídos anegados en rumores, como se aparece la imagen de un pueblo secreto y hondo: el de ese tiempo que se desliza sonámbulo por los arroyos, flotando sobre un oscuro, líquido sueño. |
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