![]() aunqueseaceniza |
||
|
busca... |
EnseñarEn 20 años no es nada veo este corte de Lugares comunes. Antes de las cenizas, nos queda siempre, si la queremos, una despiadada lucidez. a Salir del Pryca, entrar en la Cultura y no dar ni las graciasLo que le escuece a Echevarría es que Pérez Andújar haya ido con su avidez de niño curioso hasta los bolsillos de la cultura para introducir en ellos sus finos dedos de carterista literario y hurtar los juguetes de los elegidos: el fraseo de Gómez de la Serna, el lirismo de Francisco Umbral. Aunque no acaba ahí su pecado, no: porque la cultura se jacta de redimir a prodigios menesterosos, de asistir a alumnos aventajados con beca hacia el Parnaso. No: lo que sobre todo zahiere a Echevarría es que Pérez Andújar hurte los juguetes literarios de la alta, no para sentirse de los iniciados y agradecer su acogida en el reino del estatus cultural, sino para amancebar a Machado con el TBO en contubernio antinatura y desde ahí volver a su gente. Es políticamente insoportable que el beneficiado por la generosidad de la cultura democrática —¡pero si le dimos hasta estudios!— no rinda honores a los espacios literarios que le abren sus puertas cerrando él los ojos a todo lo que esos espacios excluyen. Que Pérez Andújar no traicione lo que sabe para optar a la palmadita en la espalda es in-to-le-ra-ble. Y como cree el burgués que todos son de su mismo interés, el crítico acusa al novelista de estar explotando la marca registrada del rencor social para hacerse con un espacio en el Editorial System. a Teatro áureo, estrategias del oprimidoSe me ocurre en clase que el mundo de los pasos de Lope de Rueda es el reino de las microrresistencias, tal como las entiende Michel Foucault. Habitantes de un país hambriento y miserable, los rufianes, los pícaros, las putas, los criados de Rueda salen cada día a la calle con el ingenio en ristre para sustraerle a la ley de la necesidad un corrusco de pan que temple el estómago. A la ley de la necesidad y a quien tenga menos afilado el instinto de supervivencia, que en la España del XVI no se civiliza en el trabajo, sino que despliega sus añagazas en los trabajos. Los muchos que los españoles deben tomarse para echar un trago, tentar un muslo o robarle media tarde de descanso al servicio del amo. Toda la inteligencia de un país se emplea así en los deseos más a ras de tierra, que cobran una calidad espiritual negada en la alta cultura: una milhoja, unas monedas, unos olivos son aspiraciones del alma tan apremiantes como la llama de amor que abrasa a los enamorados en la poesía neoplatónica. Las criaturas de Rueda sueñan comida, sueñan dinero, sueñan holganzas, con lo que otorgan a todas esas cosas un lugar en las alturas, como les sucede un siglo más tarde a los jamones y los pollos en los Cuatro labriegos de Velázquez. Pero digo mal: hablaba de toda la inteligencia de un país, y en realidad se trata de toda la inteligencia de una clase social que ni siquiera tiene la conciencia de serlo. Y que tampoco dispone de un discurso revolucionario con que oponerse al absolutismo monárquico, al que se mostraría sinceramente leal de ser preguntada. La conciencia también puede ser un artículo de lujo. No obstante, en los personajes de Rueda la vida resiste con furor por encima de fidelidades ideológicas. Es entonces cuando estas criaturas idean su estrategia para liberarse cotidianamente de un poder ejercido por los más próximos: los prójimos, cercanos y sin embargo mejor posicionados en la jerarquía social. Ante las órdenes del amo o frente al dueño de la taberna, el criado intenta el escaqueo fingiendo creerse ratón y el pícaro se escabulle dejando en prenda una espada. Obviamente, nada se modifica en el sistema que los oprime y que mañana exigirá una nueva treta; pero hoy y para ellos se ha abierto una pequeña brecha por la que respirar. Un siglo después, el ejercicio de las microrresistencias aparece incluso en la vida de las clases mejor acomodadas, porque allí las mujeres son un estrato sometido entre guardainfantes: qué otra cosa les queda a las damas de las comedias lopescas y calderonianas para escapar a la rigidez del código de honor que la traza, esa argucia que al final de la obra lo deja todo dentro del orden matrimonial pero que les permite a ellas, como mínimo, casarse con su elegido. Acudir aquí a Foucault permite lidiar mejor en ese callejón sin salida donde la crítica se ha visto al preguntarse con La viuda de Valencia o La dama duende en la mano si el teatro de Lope y Calderón suscribía el concepto de honra o lo ponía en solfa. Pues bien: quizá ni lo uno ni lo otro. Quizá ese teatro no es más ni menos que un testimonio del juego entre un sistema ideológico cuyo poder permanece inalterable y las resistencias domésticas que le oponen algunos individuos sin llegar a desarmarlo, pero creando una grieta en la que vivir con más holgura. Olvidarse del propio nombre, hacerse la tonta, ir en busca del deseo a través de un mueble corredizo: microrresistencias en los siglos de oro como el agujero en el muro de Morelli, donde la ausencia de un pronombre en el discurso sobre lo imposible —en el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay— deja un espacio para que entre la luz. Sin máscaraa A mí me congratula lo indecible que este trilero hable de agresividad: por fin ellos mismos explicitan sin tapujos que la del capital es una política de la violencia. a Ratas en el barcoa Manuel Viladevall, ínclito vicerrector de profesorado de la UB, se ha creído que es el capitán del Costa Concordia. a Europa, EuropaLeyendo El gentil monstruo de Bruselas vengo a enterarme de que la Unión Europea cuenta con una legión de comisiones cuyos funcionarios se dedican a regular con primor desde la curvatura de los pepinos hasta el modo en que ha de iluminarse un cuarto de estar, pasando por el peso saludable para todo ciudadano o el largo apropiado para los condones. En serio: un puerro debe ser blanco o blanco ligeramente verdoso al menos en 2/3 de su longitud para poder estar en los comercios. El furor regulandis del funcionariado europeo aspira a la existencia toda, y con desvelo pedagógico se afana en medir los pormenores más variados de la vida para entregarlos normalizados a una ciudadanía que se obstina en su desorden. Ante tanta diligencia, no puedo menos que recordar aquel entusiasmo epistemológico de la Ilustración que quería revisar el mundo entero a la luz de la razón. No es de extrañar que el Diario Oficial de la UE pese ya una tonelada. La Encyclopédie se ha quedado tamañita ante el espíritu de Bruselas. Ojoa Que con algo como esto, el autor de un post como este podría llevarse un buen susto e incluso alguna collejita. Y yo que creía que andaba emparanoyada. Pero no, parece que vamos camino de Corea (esa Corea, ya saben). [P. S.: Justo cuando volvía a pensar que estaba exagerando, va y aparece esto.] a Historia, escoriaNo hay dios que pudiese imaginar un acto de escarmiento suficiente para los que beben en vasos limpios mientras esto sucede. La justicia siempre va a ser a costa de nuestros huesos.
Rumbo a peor![]() Alfons López en Público (10-XII-2011)
La reestructuración del sistema catalán de salud ya provoca efectos colaterales al calor de un rozagante neodarwinismo social. La gran matrona germana no ve (si neurótica) o no quiere ver (si sociópata) lo que hasta un niño de 5 años adivinaría. En su versión masovera, el aprendiz de ESADE dispone lo necesario para que subvencionemos la conversión de deuda privada en pública. Las gentes que nos dirigen hacen gala de un florido brote psicótico que nos convierte en rehenes de sus delirios. La élite europea entera, en fin, se dispone a desmantelar con gran alegría y desparpajo el apaño que se construyó tras la II Guerra Mundial para evitar que otro marronazo económico nos condujese al despelleje continental. Mientras todo esto sucede, mi correo electrónico recibe quince mensajes que mis amigas de la adolescencia han intercambiado para decidir el color del bolso y el coste del curso de maquillaje que regalarán a la homenajeada en el próximo cumpleaños. Lo sé: la vida sigue y es promiscua. Yo también escribo articulitos retro para que la universidad se haga la manicura cultural. Pero no puedo menos que recordar lo que Eugenio de Nora decía de El ruedo ibérico: que en ese ciclo narrativo Valle-Inclán había reflejado aquellos tiempos en que España "vivía con las manos en las orejas, esperando que estallase el trueno gordo". Aquellos tiempos. |
Temas
Enlaces
|
Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras