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04/07/2008El sueñoLa noche en que me fui de casa de M. soñé que yo era maestra de un grupo de niños que vivían en el arrabal de una ciudad industrial. Eran una panda de golfos malcarados y contestones, y me recuerdo echándoles una bronca: "¡¡Pues si no queréis leer a Cernuda, vais listos en esta vida!!" --frase que contiene una gran verdad, pero poco apropiada, por otra lado, para que dejase algún tipo de poso en unas tiernas y socialmente determinadas cabecitas de entre 10 y 13 años, como mucho. El caso es que volviendo yo a mi casa entre raídos bloques de pisos y descampados a los que habían arribado restos de diversos naufragios metalúrgicos, una pandilla de mocosos empieza a meterse conmigo. Un grupo de ellos comienza una persecución que uno tras otro va abandonando a mitad de camino, por el cansancio o porque su atención queda prendida en alguna de las menudencias arrumbadas en la calle, y en torno a la cual inician alguna clase de juego recién inventado para el caso. Todos dejan la carrera menos uno: un chiquito rubio, encantador --de serpientes: cómo interpretar esa turbadora inteligencia de sus ojos--, que debe de andar por los 12 años y tiene un aire a mi primo A. cuando cumplió los 6. Hay un momento en que, perseguida todavía por él, trepo por un muro o una elevación de terreno o una valla metálica. Miro hacia abajo justo en el instante en que con los brazos he alcanzado la parte de arriba. Una pierna me queda todavía al alcance del niño, que ha subido tras de mí. El crío me mira con una sonrisa perversamente cómplice. "Tira de mí", parece decirme, "sálvame a mí, yo dejaré que me enseñes a Cernuda", parece prometer. Entonces un instintivo reclamo de supervivencia me grita en la cabeza con una firmeza inusitada que se apodera de todos mis actos: le doy una patada al niño en la cara, y ese mismo movimiento infame me ayuda definitivamente a encaramarme sobre la superficie de la elevación, y corro, corro, corro por la llanura despejada y yerma que se abre ante mí. 25/06/2008Plexo solarEn el sitio de beber 23/06/2008LopePobre bloguito mío, entre peñascos roto. Sin velas, desvelado, y entre las olas solo. 08/05/2008Juegos de la edad tardíaFaroni se me presenta con candidez en el despacho para preguntarme dónde estaría él situado en una escala que fuese de Gómez de la Serna a Nietzsche (el escalafón traiciona a la cronología). Es tan osada la ignorancia, pero tan tiernamente desvalida la pretensión artística de mi particular Gregorio, que me azora tener que descubrirle la auténtica altura de sus ocurrencias. Capeo torpemente las preguntas acerca del valor de su obra para la Historia, aludo con timidez a la inmensidad que separa lo digno y lo genial. Seguramente soy yo lo más indigno en todo este asunto. La próxima vez que A. me proponga un trabajo, juro que mi respuesta será NO. (Dama pequeñísima / moradora en el corazón de un pájaro / sale al alba a pronunciar una sílaba: NO.) 07/05/2008El enano cabezón«"Mi vida es una broma estúpida y cruel que alguien me ha gastado". Aunque yo no reconociera la existencia de ningún alguien que me hubiera creado, esa noción según la cual alguien se habría burlado de mí de manera cruel y estúpida trayéndome al mundo era, para mí, la más natural. Me imaginaba sin querer que allí, en alguna parte, estaba ese alguien que se divertía al ver que yo, después de pasar treinta o cuarenta años aprendiendo, desarrollándome, creciendo en cuerpo y espíritu, había llegado ahora a esa cima de la vida desde la cual ésta se revela por completo, sólo para permanecer allí plantado como un estúpido, comprendiendo con claridad que no hay nada en la vida, que nunca lo había habido y que nunca lo habrá. "Y ese alguien se ríe...".» Lev Tolstói, Confesión, Barcelona, Acantilado, 2008, pp. 33-34. Para que después me digan que no existe el enanito cabezón... Es sorprendente, por otra parte, cómo la crisis existencial que Unamuno describe en el Diario íntimo coincide punto por punto con la de Tolstói. Apostaría incluso a que cierto Azorín pirenaico de 1909 había leído las páginas sobre el pueblo, la tradición y el sentimiento religioso. 10/04/200809/04/2008Pffffffffffffffffffffffffffffffffffff...![]() Ramón Casas, Al·lota decadent, detalle. a Abandono, abulia, aburrimiento, acidia, apatía, dejadez, desatención, descuido, deserción, desgana, desidia, galbana, gandulería, holgazanería, inactividad, indiferencia, indolencia, negligencia, pasividad, pereza, poltronería, tedio, vagancia, vaguería... a ¿Primavera? a a 07/04/200827/03/200826/03/2008 |
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