Los reinos de la casualidad

Voy en el metro aprendiéndome la segunda parte de El corazón perplejo. Cuando estamos llegando a Catalunya, donde tengo que bajar, veo que la chica que se ha sentado frente a mí va leyendo la novela de Marzal. No la he leído, pero esta coincidencia me aletea en la cara como un pájaro nervioso, y me da otra de esas alegrías fugaces que últimamente me rondan. Para eso deben de estar el azar y sus arbitrarios remedos de sentido: para estos alivios del momento, que tanto agradecen los desorientados.
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