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aunqueseaceniza

Vergüenza ajena

Lo mío debe de ser un trastorno masoquista de la personalidad; porque verdaderamente, desconozco el motivo que me hace seguir acudiendo a la página de un diario como este, para encontrarme con  hermosas recurrencias de perversión lingüística, tales como denominar "camping" a lo que sucede cada noche en la plaza de la Vila de Madrid. Por no hablar del soberano cabreo que siento cuando me encuentro con que el señor alcalde nos anima con la mano izquierda a disfrutar solidariamente de las Navidades, mientras con la derecha envía a "cuatro agentes cívicos" a barrer la susodicha plaza. Agentes cívicos, qué hermosa denominación del perro de su amo; hay que estar bien parado o bien atemorizado por las hordas invasoras para tener que aceptar semejante puesto de trabajo: definitivamente, las crisis económicas son herramientas muy útiles para la reforma de las mentalidades. Pero lo más pavoroso son los comentarios del personal, oiga, que clasifica la pobreza en indigencia nacional e indigencia extranjera, y que habla de "excedentes humanos" cual si el aliento de Townsend o de Eichmann redivivos hubiese poseído al forero medio.

Santo Dios, si Léon Bloy levantara la cabeza.

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