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Tríptico de la Pasión

Tríptico de la Pasión

Entre la hippie neurótica que acumula terapias new age y periódicos viejos en el segundo tercera, y la casada irascible absorbida por su salón comedor y su familia, usted carece de modelo; enmedio no hay nada. Y entre los dos extremos que rechaza, usted se abandona: se entrega a la descomposición. Dice la Esfinge. Interpreta de esa forma la desidia recalcitrante en la que me sumo en cuanto tengo tiempo libre. El modo en que me hago la muerta. (Para mi vituperio cabe decir que el trabajo no me moviliza más allá de lo mínimo necesario: y no, no se trata de activismo antisistema.) Queriendo vivificar el cadáver acudo con ingenuidad (palabras, palabras, palabras...) a la sección de biografía de una biblioteca: busco vidas de mujeres puestas de pie. Llevo en mente los nombres de un librito de Ana Mª Moix que leí hace tiempo. Pienso, también, en Simone de Beauvoir. Sin embargo, al encontrarme ante las lejas constato con alarma que solo me interesan las mujeres que han acabado como el culo: Émilie du Châtelet, Camille Claudel, Alejandra Pizarnik. La primera muere de sobreparto a los 43 años, hundida de nuevo en las agruras de un amor fou, después de haber intentado atemperar su naturaleza pasional con lenitivos ilustrados (hasta el elogio del estudio que aparece en el Discours sur le bonheur está asaeteado por la sed). A la segunda la dejan en la estacada sentimental  Auguste Rodin y Claude Debussy (el escultor, tras un aborto y varias promesas de matrimonio); los enfermeros que irrumpen un día en el estudio de Camille para llevarla a un psiquiátrico la descubren yacente y rota entre los añicos de sus esculturas. La tercera, niña imposible que no encontró el viento esperado, se suicida tras un ataque de coprolalia poética.

Por no hablar de que la Dickinson permaneció enclaustrada su vida entera.

Ay, la cabra tira al monte. 

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3 comentarios

Box8 -

La mortadela tiene algo de nuestra infancia sobreviviendo por esos barrios a medio hacer; algo - como bien dices - honesto y esencial, quizás precisamente por su escaso glamour y su escaso prestigio. Parece ser que Pizarnik lo reconocía con toda sinceridad y sin querer hacer una boutade.
Conocí tu blog por Casildita, la diletanta. ¡Es inmenso, Gemma! ¡Qué gran trabajo tienes en él! Iré leyéndolo poco a poco. Paso a enlazarte, me parece esencial. Y gracias por visitarme!!
Seguiremos en contacto.
Abrazos!!

Gemma -

Ays, el problemas es que estoy cansadita de descoyuntarme. Si no existe el lugar intermedio, hay que inventarlo. Lo de la mortadela me lo apunto, para todo el que me venga con la visión prestigiosa de la bohemia y las adicciones.

BOX8 -

Me ha gustado mucho este post y lo poco que he leido hasta ahora de tu blog que acabo de conocer. Varias cosas:
1.- A veces, a lo largo de la vida, somos la casada irascible y la hippie new age a ratos, o a la vez, en un subeybaja descoyuntante. No sé si existen los sitios intermedios.
2.- ¡Qué guapa era Camille Claudel!
3.- ¿Sabías que la Pizarnik era adicta a los bocatas de mortadela? Lo supe en una confe sobre ella a la que asistí y que dió una mujer muy interesante y divertida.
Te seguiré leyendo.
Gracias y abrazos.
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