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Justicia histórica

Justicia histórica Practicando el deporte inventado por Wordsworth (ese de convertir la infancia en mito biográfico bajo el que refugiarse cuando la vida viene de canto), vuelvo a mis dibujos académicos y precozmente correctos de la E.G.B. Digamos que fui una niña repelente, sí. Mis padres y allegados se deleitaban, se congratulaban, se admiraban ante la perfección mimética con que yo podía reproducir las láminas que nos proponían los profesores. Ah, pero como siempre el genio se encontraba fuera del campo de visión general: cuando comparo la virtuosa sumisión de mis dibujos respecto a la realidad con la libre interpretación del mundo que se reconoce en los trabajos de mi hermana, no tengo más remedio que reconocer la radical originalidad de estos últimos. Contemplando al rey que abdicó, al niño-pollo, a los pajaritos-plátano o a la dulce Polifema --personajes todos que ustedes irán conociendo a lo largo de la recuperación histórica que me propongo hacer en sucesivas entregas--, uno adivina el poderoso mundo poético --lírico, irónico, tortuoso-- que guiaba la mano al dibujar.

Vaya como adelanto esta Lulú loca, frívola y despiporrada cual cocotte campestre y volandera.
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1 comentario

Noelia -

Gracias
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